TRIBUNA / Manuel Mariñas (portavoz de la plataforma de veterinarios oficiais de Galicia)
16 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Recientemente, los medios de comunicación nos informan sobre los preparativos del Comisario Europeo de Salud y Protección del Consumidor, David Byrne, para la creación del nuevo Organismo Alimentario Europeo, el debate sobre su sede, a la que optan Barcelona, Helsinki, Parma y Lille y la selección del foro consultivo científico. ¿Es necesaria una Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria? Para inclinarse a favor de la cuestión planteada, resulta ineludible recordar las crisis alimentarias pretéritas, sus repercusiones y aspectos diferenciales. En 1981, el desvío para consumo humano de aceite de colza desnaturalizado destinado para uso industrial, produjo el síndrome tóxico, que derivó en el envenenamiento de miles de personas en todo el país. En 1990 aparecen en Asturias, Castilla-León, Madrid y Toledo, intoxicaciones en personas, en número aproximado al centenar, relacionadas con el consumo de hígado de vacuno, por clembuterol administrado a las reses poco antes de su envío al matadero. En 1999, estalla en Europa la crisis de las dioxinas y el 22 de noviembre de 2000, se declara oficialmente en España la existencia de la Encefalopatía Espongiforme Bovina. Las crisis alimentarias del pasado, alcohol metílico y aceite de colza, reunían una serie de aspectos en común: se ocasionaron por la adulteración o desvío fraudulento de productos destinados directamente al consumo humano. Contrariamente, las recientes crisis alimentarias han sido consecuencia de la aplicación o adición de sustancias en la alimentación de los animales de abasto. Resulta evidente que, en un entorno caracterizado por las crisis en el sector agroalimentario con incidencia directa en la salud pública, la posibilidad de riesgos derivados de una deficiente producción de alimentos, la creciente complejidad de la producción y distribución alimentaria, los avances tecnológicos en el campo de la biotecnología alimentaria, la aparición en el mercado de nuevos tipos de alimentos, algunos en cuyo diseño se han empleado técnicas de ingeniería genética -alimentos transgénicos- y la necesidad del seguimiento y la vigilancia de riesgos biológicos específicos transmisibles de los animales al hombre, se ha de exigir la adopción de medidas eficaces que contribuyan a lograr un nivel elevado de protección de la salud de los consumidores. En esta línea, se enmarca El Libro Blanco sobre seguridad alimentaria de la Comisión de las Comunidades Europeas -Bruselas, 12 de enero de 2000- del que su Capítulo 4 lleva por título: Hacia la creación de un Organismo Alimentario Europeo. El calendario establecido data el comienzo de la actividad de la Autoridad para el año 2002. El Libro Blanco refleja que el Organismo Alimentario Europeo «deberá respetar los principios fundamentales de independencia, excelencia y transparencia y además lograr que todas las partes interesadas acepten este proceder. El Organismo trabajará creando redes de estrecha colaboración con las Agencias e Instituciones nacionales responsables de la seguridad alimentaria». Como conclusión, se puede afirmar que la creación de una Autoridad Alimentaria Europea y la entrada en funcionamiento de las Agencias de Seguridad Alimentaria y otros organismos científicos nacionales son las consecuencias positivas de la crisis generada por la Encefalopatía Espongiforme Bovina. De entre todas las opciones que se barajan, Barcelona sería la más adecuada para los intereses españoles. Las autoridades correspondientes deben aunar esfuerzos en la consecución de este objetivo que nos convertiría en referente de la seguridad alimentaria europea y que trasladaría una mayor confianza tanto a los productores, como a los consumidores y demás agentes implicados en algo tan importante para todos como es la alimentación y la salud pública.