SANTIAGO DE LOS HANSEÁTICOS

La Voz

OPINIÓN

VIVIR SIN SER VISTO / César Antonio Molina

21 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La Plaza del Mercado de Bremen parece surgir de un cuento de hadas: el Ayuntamiento ojival; las altas y picudas agujas de la catedral cuyo interior es de una frigidez extrema al lado de católicas como la de Colonia; los edificios de la Schütting (Cámara de Comercio), la Apotheke (la farmacia); la estatua colosal de Rolando con su fuerte espada en alto, el ancho cinturón y el escudo de águila bicéfala rodeado de una inscripción en donde se manifiesta la libertad de los ciudadanos, dada por Carlomagno, frente al poder de la Iglesia. Los salones del Ayuntamiento son fastuosos en su decoración. La luz entra por las altas ventanas ojivales y da la sensación de movimiento a los velámenes de las grandes naves artilladas, colgadas de las robustas vigas de madera del techo. El antiguo barrio del puerto se situaba en lo que se denomina La Böttcherstrasse. La entrada está protegida por el bajorrelieve de un gran ángel. Hace frente al dragón con una larga espada. Antes de que, en el siglo XVI, fuese enarenado el Wéser y trasladado el puerto hacia el norte, estaba llena de negocios del mar. De aquí salieron toneles llenos de cerveza, agua, vino, ron, carne, pescado y víveres para las largas travesías. A pesar de estar conectado con la Plaza del Mercado, el antiguo barrio portuario perdió su importancia hasta que, a comienzos del siglo XX, el comerciante de café Roselius, inventor del descafeinado, se hizo con todos los edificios convirtiéndolos en un centro cultural. Paseando por otro barrio marinero y medieval, el Schnoor, en su origen una isla en medio del río Wéser y sus afluentes Balge y Klosterbalge, me encuentro en la fachada de la casa Packhaus, en la calle Wüste Stätte, una estatua dedicada a Santiago el Mayor. Es enana si la comparamos con la de Rolando, pero casi tan bella. Santiago lleva un ancho sombrero tricorne con tres grandes conchas en sus extremos y va revestido con un traje semejante al de los antiguos marineros. Porta un bastón en su mano derecha y un libro en la izquierda, así como van protegidos sus pies con unas botas de caña alta que le llegan hasta las rodillas. Bremen pertenecía a la Liga Hanseática, asociación de mercaderes del norte de Francia, Alemania, Países Nórdicos e Inglaterra. Desde Bremen, por vía marítima, salían miles de peregrinos hacia Compostela. Además de fe proporcionó a la ciudad grandes ganancias económicas. Posadas y barcos se dedicaron, durante siglos, a este turismo. No es extraño que la ciudad venerara al patrón de los peregrinos. En esos tiempos el edificio en donde está la estatua del Apóstol sirvió de almacén, de donde deriva su nombre, Packhaus, la casa de guardar cosas. Hoy es sede del Theater im Schnoor. La presencia de Santiago y las peregrinaciones va más allá de Bremen y llega hasta Finlandia. En Estocolmo está la Jacobs Kyrka. Una estatua del Apóstol custodia la puerta lateral del lado de la Epístola, con su vieira en el sombrero, su bordón con calabaza y su zurrón.