ANXO LUGILDE LÍNEA ABIERTA
10 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Frente a las billonarias ventas de Endesa, Repsol o Telefónica, la privatización de Ence representa para España una insignificante operación que se prolonga en exceso y ha causado demasiados quebraderos de cabeza, debido a la errática política gubernamental, la agresividad portuguesa y la testarudez gallega. Ésta se manifestó de varias formas. Por una parte, la SEPI chocó con la negativa de la compostelana Finsa a hacerse cargo de Ence, en una incierta aventura fuera de su reino del tablero. Por otra, silvicultores y financieros se rebelaron contra unos gestores de Ence que no se recatan en considerar a Galicia como «un garbanzo», están más preocupados por crecer en Uruguay que en aprovechar el potencial del bosque gallego, infrautilizado en un 50%, y han captado a los Albertos como socios. Aliados con el voraz gigante luso Sonae, Foresgal, Silvanus y Pastor lanzaron el órdago de un plan con dos papeleras en Galicia, lo que debería colmar los deseos de Fraga. Por eso cuando la SEPI decida el futuro de Ence, determinará si Galicia fabricará papel y definirá cuál es el papel de Galicia en España.