EL NUEVO HOMBRE DEL SACO

La Voz

OPINIÓN

EL PERSONAJE MIGUEL ARIAS CAÑETE

19 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La testosterona que le sobró para garantizar que el Plan Hidrológico se aprobaría «por huevos» le faltó para coger por los cuernos los dos temporales que zarandearon en los últimos tiempos al sector primario en Galicia. Miguel Arias Cañete, un jerezano hacendado que abandonó el cortijo para dedicarse a la política, va camino de sustituir al hombre del saco en la mitología gallega. El ministro de Agricultura fue una de las sorpresas que se reservaba para el respetable José María Aznar la pasada primavera en su libreta azul. Sólo otra andaluza, la exchica Hermida Celia Villalobos, le hizo sombra en la gestión del Gobierno cuando las vacas gallegas, primero, y las españolas, después, perdieron la razón. En un inusual gesto de solidaridad interministerial, Celia Villalobos lo apartó del disparadero para ponerse ella y sus recetas sobre los caldos con huesos que no fueran de vaca. Mientras en Galicia al conselleiro de Agricultura, Cástor Gago, se lo llevaba río abajo el mismo temporal que enterró reses en Mesía, Arias Cañete se mantuvo flotando, pero con tan mala fortuna que los vientos lo empujaron contra la flota gallega que faena -perdón, faenaba- en Marruecos. Fuera por el impacto o por la misma destreza árabe que hundió decenas de barcos castellanos en Lepanto, los buques de O Morrazo o de Ribeira navegan rumbo del desguace. Pero Cañete semeja que, nuevamente, sale vivo, que no indemne, de la ruptura de negociaciones con Marruecos, y continúa su singladura por el Ministerio de Agricultura. Pero ¿por qué Arias Cañete desafía las leyes del sentidiño político y continúa en su despacho de Agricultura? No hay misterio, sino un flotador de magníficas prestaciones fabricado en el mundo occidental: la Unión Europea. Cuando al ministro no le salen las cuentas de las ayudas a los ganaderos o de las subvenciones a la reconversión de la flota, él señala hacia Bruselas.