ERNESTO S. POMBO MUY AGUDO
17 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Los italianos han perdido la memoria. En sólo siete años olvidaron la escandalosa experiencia de Silvio Berlusconi al frente de su Ejecutivo. Olvidaron su alianza en 1994 con independentistas y fascistas. Olvidaron su actitud caudillesca, propia del siglo XIX. Y ahora, pese a las reiteradas advertencias de lo que podría representar para el país su regreso, no lo han dudado. Berlusconi y la coalición que lidera de centro-derecha obtuvieron un triunfo arrollador que la va a permitir gobernar con absoluta tranquilidad. Quizás haya sido su permanente bronceado, su elegante vestir o su sonrisa lo que atrajo el voto masivo de los italianos. Porque resulta difícil creer que sus cualidades como político lo hayan llevado nuevamente al frente del gobierno de un pueblo maduro y responsable. Silvio Berlusconi es uno de esos políticos de los que ya no quedan. Si fuera español se llamaría Mario Conde, o Jesús Gil y Gil. Aquí, afortunadamente, hemos sabido desterrarlos. Furibundo anticomunista, el hombre más rico de Italia, tercera fortuna de Europa, propietario de las tres cadenas generalistas de televisión y con una vida saturada por los conflictos judiciales. Brillante currículum. Pero sobre todo, Berlusconi es un encantador de serpientes. A su electorado le ha presentado un programa en el que se recogían los ilusionantes mensajes que querían escuchar. La rebaja de impuestos, la familia, la seguridad, fuertes inversiones, acabar con el paro, un gran plan de infraestructuras y la lucha contra la inmigración ilegal, han sido los principales pilares sobre los que asentó su rotundo éxito. Pero Berlusconi no engaña a quien no quiere ser engañado. Lo dijo el filósofo griego Anaxágoras, 500 años antes de Cristo: «Si me engañas una vez, tuya es la culpa. Si me engañas dos, la culpa es mía». Pendiente de varias causas por corrupción, fraude y evasión fiscal, la llegada de Il Cavaliere al poder supone un serio peligro. Para los italianos. Y para Europa. La UE ha advertido que se mantendrá atenta, y si es necesario, vigilante. Líderes de varios países europeos expresaron su preocupación por la nueva situación, como lo hicieron en su momento con la elección del ultraderechista austriaco Haider. Otros se mostraron cautelosos. Josep Piqué, más atrevido, se felicitó por el triunfo del magnate italiano. Y Haider fue más allá. Aseguró que el resultado electoral será positivo para Europa. Si lo dice él es para echarse a temblar.