LA PÍLDORA DEL DÍA SIGUIENTE

La Voz

OPINIÓN

JOSÉ RAMÓN AMOR PAN

10 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La comercialización de la píldora del día siguiente está provocando el rechazo de los obispos españoles. La consideran un aborto y un asesinato. Todo discurso ético sobre el aborto debe tomar como punto de partida las aportaciones científicas lo más completas posibles sobre el desarrollo embrionario. La OMS informa que esta píldora previene la ovulación, la fecundación y/o la implantación, pero no produce ningún efecto sobre el embrión ya implantado en el útero de la mujer (que es cuando estaríamos ante un aborto). Además, no puede hablarse de que la vida humana merece protección desde el momento de la fecundación, porque el proceso de unión del óvulo y el espermatozoide dura unas 24 horas. Por otra parte, en la reflexión católica existe un número importante de autores que afirman que es legítima en caso de violación. Considera esta opinión que estamos ante un dramático conflicto de valores: el derecho de la mujer a no quedar embarazada violentamente y el derecho a la vida del nuevo ser. Pero mientras que en el primer caso estamos ante un derecho cierto, en el segundo se dan una serie de interrogantes: no sabemos si se ha producido fecundación ni podemos aún constatarlo; sabemos, además, que estadísticamente es muy poco probable. Si no se ha producido la ovulación, la citada píldora va a impedir que tenga lugar. También se preguntan si el estatuto del embrión preimplantatorio es totalmente equiparable al que ya ha realizado la anidación. En efecto, hasta su anidación en el útero no se configura definitivamente su individualidad y el número de abortos espontáneos es extraordinariamente elevado, en torno al 70%. Todos estos datos llevan a un buen número de moralistas católicos a considerar que es ético dar prevalencia al derecho de la mujer sobre el derecho a la vida del hipotético nuevo ser. El propio Vaticano permitió su uso en ciertos países del Este de Europa y en África en varios supuestos de religiosas violadas. Por último, me parece acertado que no se vaya a financiar con cargo al Sistema Nacional de Salud, porque no estamos ante un problema de salud sino de irresponsabilidad en el ejercicio de la sexualidad. En unos momentos en los que nos tenemos que plantear con seriedad el problema de la equidad en el acceso a las prestaciones sanitarias, porque el incremento de costes no se va a poder mantener por mucho más tiempo, me parecería injusto financiar con dinero público algo que corresponde en exclusiva a la gestión privada de las personas.