NEGOCIACIÓN PRIVADA

La Voz

OPINIÓN

FERNANDO GONZÁLEZ LAXE

23 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

El comisario encargado de la pesca comunitaria, Franz Fischler, todavía no ha entendido a los marroquíes. Un acuerdo de cooperación pesquera con Marruecos debe plantearse no sólo sobre la base del acceso al recurso sino que también debe abordar aspectos relativos a la transformación de los productos pesqueros en tierra. Sin embargo, el comisario se mantuvo en la posición de criticar el hecho que los países terceros quieran mantenerse como «rentistas de la compensación financiera» europea. Esta radical discrepancia de enfoques nos obliga a subrayar que en el contexto de la globalización se produce una des-territorialización de las actividades pesqueras, sobre todo en las pescas industriales y semi-industriales, cuyas principales manifestaciones se reflejan en el ámbito de las descargas, en lo tocante a las tripulaciones y en lo que se refiere a los capitales invertidos. Estas reglas las conocen y las utilizan los armadores de las flotas de arrastre, de túnidos y de cefalópodos españoles. Por eso, Marruecos apeló al nacionalismo marítimo e invocó como premisa la necesidad de explorar sus recursos, ya sea administrando en exclusiva sus poblaciones de peces, ya sea arrendando o co-participando con empresarios extranjeros para lograr las mayores ventajas comparativas en los mercados internacionales. Así las cosas, las autoridades marroquíes han seguido las indicaciones de la FAO a la hora de negociar. Primero han definido las condiciones de acceso para establecer quiénes pueden acceder a las pesquerías, en qué zonas de pesca pueden pescar y por cuánto tiempo. La determinación de quiénes pueden acceder obliga a modificar la clasificación de las modalidades de pesca admitidas. La segunda de las premisas negociadoras fue la relativa a las condiciones de uso. Contemplaba los requisitos para ejercer la actividad extractiva e incluía las normas referentes a las cuotas, al esfuerzo de pesca, al porcentaje de descarga en puertos marroquíes, a la dependencia de las recomendaciones científicas en lo tocante a cerrar el caladero, a la limitación de los días de pesca, a la imposición de cánones, entre otras. Luego se fijaban los montantes económicos que debía abonar la UE. En esta secuencia de negociación, la respuesta europea era sabida: inviable e indignación. Pero cuando la negociación esté finalizada y el rechazo comunitario sea oficial, empezará la negociación privada entre empresarios europeos y no europeos con socios marroquíes.