ANTONIO PAPELL
08 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.No puede ocultarse la gran inquietud con que la comunidad internacional ha acogido la victoria del duro Ariel Sharon en las elecciones israelíes a primer ministro, y ayer mismo, el ministro español de Exteriores, Josep Piqué, pedía a aquél una reconsideración de las posiciones mantenidas en la campaña electoral sobre el proceso de paz en lo referente a Jerusalén y a los refugiados. Además, Piqué considera que «no pueden ser obviados» los avances en el proceso de negociación logrados en Camp David y en Taba. Lo ya conseguido debe ser, a juicio de la diplomacia española, «el punto de partida que signifique el impulso definitivo hacia la paz». Parece claro que ésta es también la posición de toda la Unión Europea, que, ante el previsible reflujo de la diplomacia norteamericana, tiene que asumir su protagonismo en la zona. Sharon necesitará de apoyos parlamentarios muy diversos para formar Gobierno, y eso puede moderar su posición radical, pero no debe ignorarse que las tesis mantenidas por el nuevo primer ministro son una apelación a la guerra más que un paso en la dirección de la paz.