XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS
10 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Aunque los tertulianos de Madrid dicen siempre lo contrario, una moción de censura sólo es seria -y honrada- cuando tiene alguna posibilidad de prosperar. Lo demás es como jugar a la guerra, gastar pólvora en salvas, o matar moscas a cañonazos. Si el objetivo es provocar un debate general, en vísperas de las elecciones, supongo que hay otros medios. Y si se pretende demostrar la debilidad política y electoral del PP, me temo que, como se decía antes, les pueda salir la criada respondona. Por eso creo que estamos ante una precipitación innecesaria que, después de ser jaleada por una opinión pública muy afecta al espectáculo político, acabará sus días en medio de fuertes críticas y pasando a sus promotores una costosa factura. La cadena de despropósitos -a veces simples bobadas- con las que se enfrentó la Xunta a la crisis de las vacas locas y la dimisión del conselleiro Gago no justifica el calificativo de situación límite con el que se argumenta la moción de censura. Me temo que la realidad de Galicia sea exactamente la contraria, con una normalidad y un conformismo a prueba de bombas como el enterramiento de Mesía y el aborto de Touro, y sin que nadie se aparte del principio leibniziano de que, si tanta desgracia nos cae con Fraga -que es tan trabajador y tan listo- mejor será no pensar en la hipótesis de que el presidente se vaya con la música a otra parte. Nada nuevo bajo el sol ¿Qué ha pasado en Galicia que no sea lo de siempre? ¿Que dijo o hizo Fraga que no diga y haga todos los días? ¿Qué grado de prepotencia se adivina que no hayamos experimentado ya? Nihil novum sub sole, como diría el clásico, salvo este debate, de resultado incierto, en el que los sutiles razonamientos de Beiras se van a estrellar contra un muro displicente, construido con mayorías absolutas, recebado con la idea de que ahora se vive mejor que hace treinta años y de que en todas partes cuecen habas, y coronado por la estampida estratégica que ya anunció la oposición socialista. Si el fuego es para arder, y el agua para correr, las mociones de censura son para crear gobiernos alternativos. Y para eso ni es tiempo ni hay votos, y sólo se dispone de un exiguo arsenal de pólvora mojada. Por eso hablo de estrategia dudosa y arriesgada. Porque va a servir para que Fraga escenifique su poder ineluctable y la oposición su irritante división. Y porque, estando los montes de parto, sólo se espera un ridículo ratón.