FEDERICO ABASCAL
09 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.En las democracias firmemente asentadas no suele nombrarse a los ministros por su sabiduría en determinada materia sino, más bien, por su habilidad para salir airosamente de trances difíciles. El llamado mal de las vacas locas ha situado a los ministerios de Sanidad y de Agricultura en un difícil trance, al que no se le ve de momento una salida clara. Y mientras Arias Cañete afronta la situación demostrando día tras día en su propia carne que se puede comer carne bovina sin perecer en el intento, su colega sanitaria, Celia Villalobos, se enreda en una maraña de informaciones confusas y de consejos dietéticos bien intencionados, pero, ¡ay!, ofensivos para una organización agraria tan poderosa como Asaja, cuya sección de Extremadura se querelló ayer contra la ministra por difamación -¿a las vacas o al sector ganadero?- y las pérdidas por la alarma social que la ministra habría producido. Debiera reconocerse, como es preceptivo en política, que la señora Villalobos tiene derecho a defender su inocencia tras el parapeto de su ignorancia, de la que ella no es responsable, sino beneficiaria directa, al haber alcanzado la cima ministerial sin la menor ocultación de su desconocimiento en las materias sanitarias. Como todos los sistemas políticos, la democracia produce sus propios errores -eso sí, subsanables-, bien porque la talla de un ministro sea muy inferior a la del problema que habría de solucionar, bien porque el ministro no logre enterarse del ámbito de su departamento, y algo de todo esto estaría sucediendo ahora en el de Sanidad, en el que Celia Villalobos se estaría viendo superada por el asunto confuso, enervante y palpitante de las vacas locas, y al que ella, mujer mujer (el estilo femenino que admira el presidente Aznar), intenta mitigar con consejos de buena ama de casa. A veces se espera de un político que sea capaz de descender de su pedestal y juegue al dominó con la gente, aunque se trate de su propia gente (como hace nuestro presidente del Gobierno), y de una ministra se agradece que rompa los informes incomprensibles de sus consejeros y se muestre como una maruja. Y eso es lo que ha hecho Villalobos: aconsejar que se tiren los huesos de vaca, sean de tuétano o de canilla, y se eche al puchero hueso de cerdo, de codillo a ser posible. Lo cual ha soliviantado a Asaja, que en su querella pide 25.000 millones de indemnización.