LA INDUSTRIA Una lectura al mundo industrial gallego del siglo XX muestra el largo camino que falta por recorrer para integrar a los sectores estratégicos en la senda del nuevo milenio. Una cifra de desempleo que afecta a 180.000 personas y áreas de negocio en crisis, como la pesca, el naval o el agro, conviven con novedosas experiencias como el textil, automoción o bioquímica. En opinión del autor del artículo, el futuro pasa por mejorar los servicios empresariales y apostar por tecnología y formación como elementos de despegue.
27 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.El esqueleto industrial gallego continúa caminando con un pie dentro del mar y el otro asentado en el campo. Las dos señas de identidad del noroeste español han marcado la evolución de los servicios y fueron también el germen de honrosas iniciativas empresariales. Sin embargo, la tan traída y llevada globalización nos ha dado la espalda. Ni la costa ni la tierra podrán seguir explotándose industrialmente como se vino haciendo hasta ahora. El modelo de negocio ha cambiado y Galicia tiene que adaptarse a las nuevas formas o cerrar empresas. La construcción naval sigue en declive y nuestra flota pesquera continúa haciendo milagros para subsistir entre una amalgama de restrictivas leyes internacionales. La reconversión agraria recortó hasta la penuria la cuota láctea gallega y puso en manos de capital ajeno a las grandes productoras de leche. Ahora, un espeso matorral de pymes abona el jardín industrial gallego, donde florecen como auténticas especies a proteger curiosas flores empresariales convertidas en las reinas del huerto. Inditex, Citroën, Zeltia, Televés, Pescanova o distribuidoras de alimentación continúan capitalizando la economía gallega, sus exportaciones y su mayor cuota de empleo. Mientras, desde esta esquina de Europa, Galicia se debate entre sus 180.000 parados y un millón de trabajadores, de los que únicamente 250.000 ocupan su tiempo en una industria que aporta el 25% del PIB. El futuro gallego pasa por una auténtica conexión entre la Universidad y la industria, por mayores y mejores experiencias de I+D, por la cualificación de técnicos de grado medio y superior. Y, sobre todo, por la mejora de los servicios industriales: el diseño, el márketing o la logística caminan todvía a gran distancia de la realidad empresarial gallega y son un elemento clave para engarzar adecuada y correctametne la realidad presente con el futuro que nos llega de fuera. Galicia no debe olvidarse, sin embargo, de las que han sido sus señales de identidad. Para ello, es preciso apostar decididamente por la generación de energía (tenemos grandes recursos hidráulicos, eólicos o de biomasa), sin olvidar tampoco la gran calidad y potencia de nuestra superficie forestal o las enormes posibilidades de sectores todavía incipientes como el medio ambiente. En el próximo milenio se abrirán camino las nuevas tecnologías, la industria alimentaria, sectores como el textil o la automoción, e iniciativas como la transformación de la piedra. Galicia debe cerrar ciclos. Producimos pasta y no papel, extraemos piedra y apenas la transformamos... Pero hacer realidad este sueño de futuro pasa también por racionalizar la creación de suelo industrial y no plantar polígonos por doquier, potenciar las grandes áreas empresariales de Vigo o el eje A Coruña-Ferrol con servicios del siglo XXI o no del XIX, y ganar peso poítico en apoyo de los sectores estratégicos. Puede que nunca lleguemos a convertirnos en Sillycom Gallaecia, pero sería imperdonable no orientar los esfuerzos políticos y económicos hacia el camino correcto.