VEINTE DÍAS DE NOVIEMBRE C.F. Curiosamente, la noticia más importante del 13 de noviembre no apareció en los periódicos. Fue la reunión secreta mantenida por el príncipe Juan Carlos, jefe de Estado en funciones por la enfermedad de Franco, con los tres ministros militares, a los que expresó su preocupación por un manifiesto que pensaba hacer público su padre, el conde de Barcelona. Para evitarlo, proponía enviar como mediador al teniente general Manuel Díez Alegría, persona muy respetada por su talante liberal.
12 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Los ministros recibieron con interés la propuesta de don Juan Carlos y no pusieron inconveniente en que Díez Alegría, ex-jefe del Alto Estado Mayor, realizase tal misión. El problema surgió porque uno de los asistentes (el almirante Pita da Veiga) informó al presidente Arias de la secreta reunión. Arias Navarro, que se consideraba el albacea espiritual de Franco y trataba a don Juan Carlos como a un aprendiz de rey, montó en cólera, llamó al Palacio de la Zarzuela y le presentó al Príncipe su dimisión con carácter irrevocable. Don Juan Carlos, con Franco casi cadáver y con la marcha verde del Sahara, se mostró diplomático y le pidió disculpas a su presidente, solicitándole que continuase en el puesto, dada la gravedad del momento. Pero Arias dijo que no se volvía atrás, pues siempre cumplía con su palabra (excepto cuando era ministro de Gobernación y dijo que respondería con su vida de la seguridad del presidente Carrero Blanco). Don Juan Carlos le pidió sentido de la responsabilidad, pero no lo convenció. Acto seguido, Arias se marchó a cortarse el pelo. El Príncipe recordó, entonces, que su amigo Nicolás Franco y Pascual de Pobil, sobrino del Caudillo y consejero nacional del Movimiento, le había dicho en una ocasión que se cortaba el pelo en la misma peluquería que Arias. Puesto en contacto con él, le pidió que fuese a dicho establecimiento y que intentase convencer al presidente. Allí se encontró Niki, como era conocido familiarmente, con Carlos Arias. Tras recordarle su parentesco familiar con el Generalísimo, le manifestó que éste no hubiese aprobado su dimisión y que debía rectificar de inmediato. Arias no le dijo que sí, aunque tampoco que no. Menos mal que finalmente, tras enviar el Príncipe como emisario al marqués de Mondéjar, Arias retiró la dimisión, aunque no pidió disculpas por el desaire.