VAMOS MEJOR TODOS JUNTOS

La Voz

OPINIÓN

EUROPA, INQUIETA ANTE LAS VACAS LOCAS XOSÉ LUIS BARREIRO RIVAS, profesor de Ciencia Política

09 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Tocados por la abundancia, y ofuscados por la barahúnda mediática que caracteriza el actual debate político, los españoles corremos el peligro de olvidar dos cosas muy importantes referidas a la política alimentaria: que la higiene y la vigilancia del mercado de alimentos es algo muy reciente, y que no hay alternativa para los modelos de producción industrializada que permiten llevar buena carne, buena leche y buenos huevos, a precios razonables, a las mesas de todos los europeos. Una vez aceptado eso, también es posible gastar una parte de nuestra libertad en añorar los pollos de corral y la matanza casera, o en hacer disquisiciones sobre esos productos ecológicos, riquísimos y carísismos, que contribuyen a sofisticar la dieta de los ricos. Pero nunca debemos perder de vista a la gran mayoría de ciudadanos que quiere incrementar la variedad y la calidad de su mesa, sin pagar por ello más de lo estrictamente necesario. Por eso, recordando cosas tan cercanas como el metílico, la colza, los filetes envueltos en papel de periódico y las cestas de pescado tapadas con berzas, deberíamos estar maravillados de una política sanitaria que es capaz de liquidar una cabaña entera para frenar la propagación del mal de Creutzfeldt-Jacob, que entra en los humanos en la carne de las vacas locas. Es cierto, y no debemos negarlo, que los métodos de producción industrial están aflorando nuevos riesgos alimentarios que hay que vigilar y combatir con la radicalidad y el extremo cuidado con que viene haciéndolo la Unión Europea. Pero no es menos cierto que estamos viviendo una etapa de oro en la cultura y en la calidad alimentaria, que en modo alguno puede comprenderse desde la hagiografía de lo casero o desde la falta de un elemental realismo en la ordenación del mercado alimentario. Los españoles tenemos muchas razones para rechazar las reacciones demagógicas o localistas aplicadas a problemas de gran complejidad científica, económica y política. Y no deberíamos caer en la tentación de dar lecciones a países que, como Francia o Inglaterra, nos dan mil vueltas en todas estas cosas. Por eso creo que hacemos mal luchando por libre contra un problema general. Porque las liebres saltan donde menos se espera. Y porque, no habiendo ya mercados locales, debemos favorecer la vigilancia común. Porque es más eficaz, sin duda alguna, y puede evitar que nos retruquen con muy costosas facturas.