VEINTE DÍAS DE NOVIEMBRE C.F. Cesado en 1969, la muerte en accidente de tráfico de Herrero Tejedor, hizo que José Solís volviese a ocupar, en marzo de 1975, el ministerio del Movimiento. Simpático y verborreico, era conocido como «la sonrisa del Régimen», aunque José Antonio Girón escribiese en sus memorias que nunca tuvo idea de lo que significaba el Movimiento. Ahora era noticia por unas declaraciones al diario francés «L''Aurore» sobre el futuro político de España, y otras a la prensa española sobre sus conversaciones con el rey Hassán.
09 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.«Queremos lograr una descentralización administrativa que permita a las regiones desarrollarse», anunciaba el ministro falangista en París, a lo que añadía: «La paz y la estabilidad quedarán garantizadas por la continuidad política a través de las leyes constitucionales y de la persona del futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón». Cuando se le pregunta hasta dónde llegará la cacareada apertura, apunta convencido: «Hasta todos aquéllos que están dispuestos a trabajar dentro del orden y a defender sus ideas dentro del marco constitucional. Consideramos fuera de la ley al Partido Comunista que es, por definición, enemigo total de la libertad». Respecto a su entrevista con Hassán II, Solís dijo: «Creo que mi gestión ha sido un éxito total. No había por qué desencadenar una guerra con un país con el que nos interesa tener buenas relaciones. Al suspender Hassán la marcha verde ha querido mostrar su buena voluntad respecto al pueblo y al Gobierno de España». Posteriormente se diría que en el primer viaje a Rabat para entrevistarse con el rey marroquí, Solís, tras verse sorprendido por el rígido protocolo oficial que le impedía ver directamente al monarca, además de la lentitud del traductor al pasar al árabe las palabras de Solís (Hassán hablaba perfectamente el castellano, con lo que tenía más tiempo para pensar la respuesta), se levantó sonriente y le dijo al soberano moro: «Mire majestad, dejemos el protocolo a un lado y hablemos de andaluz a andaluz, que así nos entenderemos mejor». A Hassán le hizo gracia el desparpajo del falangista de Cabra y la conversación tomó un aire más distendido. El optimismo de Solís lo trasladó a la enfermedad de Franco y estaba seguro que el Caudillo, a pesar de su estado cadavérico, lo superaría y seguiría conduciendo por muchos años «la nave del Estado».