ANFITRIÓN EN RODAJE

La Voz

OPINIÓN

INTERFERENCIAS / Miguel A. Fernández

25 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Boris no sería humano si afrontase su primer programa como si llevara cien con toda la responsabilidad a cuestas. Por eso no pudo evitar continuas miradas nerviosas hacia la cámara, incluyendo las realizadas de reojo. Bah, es un detalle anotado sin malicia porque a fin de cuentas El anfitrión pretende ser algo nuevo. Su personaje, que además conduce el programa, es el de un tipo que recibe en su casa a unos amigos y eso implica un plus de dramatización. Pero sigue asomando el Boris del exceso compulsivo, como incapaz de controlar su entusiasmo y arrollar a los invitados. Se levanta, se sienta, se pone de pie en la cama, no para. Hasta la gente que lleva a su apartamento parece un poco sorprendida, descolocada. Puede que eso forme parte del show (es un showman), pero colisiona si trata de acercarnos a unos entrevistados con la intención de mostrarnos perfiles de su personalidad al margen de los ya conocidos. A Carmen Maura la vimos en docenas de entrevistas, y de Boris esperamos que proponga algo diferente. Tambien de Álex de la Iglesia, un cachondo que se acomoda a cualquier situación con un aplomo encomiable y que lo hace plato suculento para un entrevistador. Estaban allí a propósito de La comunidad, película que supone el retorno del director bilbaino y que tuvo una excelente acogida en San Sebastián. Imágenes del film, como otras de Maura con Almodóvar, trufaron un programa que tiene hueco en la parrilla. Su propuesta es original. Aún así, y ya que milito en el pelotón de opacos que no acaban de congeniar con la irrefrenable tendencia de Boris al griterío, e incluso con cierto inclinación hacia la opinión ex-cátedra, no acabo de entender la saturación de picados sobre la pantalla que Boris tiene por mesa y la consiguiente sobreabundancia de cocos y cogotes, que en cuanto asomen los calvorotas, trearán de cabeza a los de luces y de maquillaje, obligando a los de peluquería a hacer horas extras. Y si no quiere enloquecer al realizador, quizá debiera elegir otra camisa. Perdón por señalar estos reproches, pero es que a veces hay fenómenos que son más cosa de los media que fenómenos en si mismos...