RECONVERTIR NO ES DESTRUIR

La Voz

OPINIÓN

DOMINGOS SAMPEDRO

04 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

¡Que nadie se asuste! El verbo reconvertir no lo creó el Diablo. Existe en el castellano y, en la acepción más extendida que le confiere el diccionario de la Real Academia, significa «hacer que vuelva a su situación anterior lo que ha sufrido un cambio». Si este retorcido término se aplica al caso de la flota pesquera que depende de Marruecos _que lleva nueve meses amarrada e inactiva_, un plan de reconversión supondría que volviesen a faenar los 400 barcos españoles (de los que 130 son gallegos) que están parados desde que expiró el acuerdo de pesca euromagrebí. Ahora bien, la práctica nos enseñó a los gallegos que, desde la década de los ochenta, a la palabreja reconvertir se le endosan muy frecuente y erróneamente los sinónimos destruir y desmantelar. Y eso sí que parece obra del mismísimo Satanás. Por lo de pronto, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) ha elaborado, seguramente con muy buena voluntad, un plan de reconversión de la flota que faenaba en el banco canario-sahariano. Y quizás tentado por fuerzas malignas, ha llegado a la conclusión de que poco se puede hacer con semejante feixe de barcos. Aun así, el borrador ministerial apunta algunas soluciones, como las prejubilaciones de marineros o las primas al desguace de unidades, lo que significa, ni más ni menos, que destruir. Recolocar la flota que depende de aguas de un país tercero es un tarea ardua, y el fracaso está casi cantado de antemano. No hay más que recordar lo ocurrido con los bacaladeros de Terranova o los congeladores españoles en 1990, que tuvieron que abandonar las aguas de Canadá y Namibia, respectivamente. Sólo si los armadores saben adaptarse al nuevo escenario, por ejemplo dando entrada en sus empresas a socios marroquíes, pueden tener una oportunidad de supervivencia. Con plan o sin plan de reconversión, con acuerdo o sin acuerdo, el panorama de la pesca en Marruecos está nublado. Salvo que nos salve el diccionario. Pero ya se sabe que donde el Demonio mete el cazo, no se pesca ni un marrajo.