Tras cosechar un éxito rotundo en Europa, Asia, Australia y Estados Unidos, el musical «La bella y la bestia» llega en agosto a tierras herculinas como un grande en su género
07 jun 2013 . Actualizado a las 12:53 h.A Coruña | Palacio de la Ópera | Del 10 al 13 de agosto
«La belleza está en el interior». Eso le dijo la desvalida anciana al príncipe antes de convertirlo en Bestia. El resto del cuento La bella y la bestia, conocido por generaciones de niños que ya no lo son tanto, podrá verse en el Palacio de la Ópera de A Coruña en forma de musical del 10 al 13 de agosto. Su célebre moraleja es perfectamente extensible a las propias bambalinas del espectáculo, donde el festival de decorados, ropajes, pelucas, maquillaje y actores es de una belleza caótica, casi irreal. Las entrañas de la representación son un auténtico correveidile, una carrera y un desfile a partes iguales.
Pasada técnica
Al asistir a la «pasada técnica», esas dos horas previas a la subida definitiva del telón, la sensación es casi tan impactante como la del espectáculo en sí mismo. Un total de 26 telones, unos 20 cambios de escenario, una poderosa mesa de sonido que controla más de 2.000 puntos de luz y la doble regiduría conforman parte del enorme despliegue técnico del musical. Helena Gimeno, que preside la regiduría escenográfica, explica que su compañera «trabaja en el submarino», dando incesantemente indicaciones a los actores. El backstage de la caracterización abre, definitivamente, las puertas de otro mundo. La sastrería es una acumulación de prendas esperando su planchado y reparación, una reparación que en muchos casos es diaria y que incluye incluso el calzado. «Tenemos que arreglar piezas de una función a otra porque el desgaste es muy grande, y también hay que lavarlas», comenta Mimi Aguado, la responsable de sastrería. El espacio en el que trabaja su equipo está tan sumamente inundado de prendas que los sastres casi tienen que luchar por hacerse un hueco. A pesar de que se mira todo con lupa, en las más de 260 representaciones que acumula el musical hubo espacio para algún que otro susto. «Alguna cremallera se nos rompió justo antes de salir a escena», apunta Aguado.
Peluquería y maquillaje constituyen un apartado digno de mención. Casi 200 pelucas visten paredes enteras para los diferentes cambios de los actores, todas ellas bajo la atenta y minuciosa supervisión de Sandra Lara, la responsable de esta sección. «La bestia es la que menos pelucas utiliza, porque se pasa toda la función como Bestia hasta el final, cuando se convierte en príncipe», afirma Lara. Cada postizo responde a las exigencias del guion. Los de los muebles encantados, entre los que se encuentra el célebre Lumiere, son mucho más rígidos que los de los personajes humanos. La complejidad aumenta cuando se trata de ponerles pelucas a los hombres, ya que, indica Lara, «hay que ponerles un ancla de sujeción, porque hacen muchos movimientos bruscos. Con los hombres se utiliza una media o una venda, por ejemplo, porque suelen tener el pelo corto».
Percances
Aun con anclas y precauciones de todo tipo, peluquería no se libra de un anecdótico percance en el que durante una función una peluca terminó en el escenario. El espacio dedicado al maquillaje contiene un sinfín de productos. Tablones enteros de madera albergan todo tipo de cosméticos, flanqueados por enormes espejos. En muchos casos los propios actores ayudan a rematar el maquillaje, haciendo gala de horas y horas de práctica a sus espaldas.
Pero lo que realmente impacta dentro de estas frenéticas bambalinas es llegar al camerino de la bestia. Frente al espejo se halla un imponente Ignasi Vidal, un hombre de carne y hueso. Sin embargo, y a pesar de que a todas luces se trata de una persona, hay reacciones que no se pueden evitar. Y es que los cuernos, el pelaje y las prótesis faciales ayudan considerablemente a llevarse un buen susto. La responsable de la brutal caracterización es Sheyla, que se encarga de coordinar un área tan importante en este tipo de espectáculos. Cuando empezaron las funciones, la caracterización de Vidal se prolongaba tres horas que ahora se reducen a una. Mientras, Talía del Val, la flamante Bella, se encontraba rímel en mano y dos costureras ultimaban a toda velocidad el ajuste del vestido a su esbelta figura. «Este es el papel más importante de mi carrera», dice la protagonista sin perder la sonrisa. La guinda del pastel la pone la parte instrumental. Bajo el escenario y su descomunal escenografía, un conjunto de músicos se encarga de tocar en directo cada pieza. Piezas que, unidas, forman un puzle de fantasía sin igual.