La ourensana fue un icono en el campo de la neurodiversidad
27 feb 2026 . Actualizado a las 11:49 h.La artista Isabel Altagracia Sarria Álvarez (Ourense, 1946) nos deja un amplio legado artístico caracterizado por su inquietud, desasosiego y preocupación por «el estado agónico» como ella decía de nuestra madre Tierra. Su empatía era tan elevada que pesaban en ella las mochilas que cargaban los pequeños escolares con los que recordaba con nostalgia sus años de infancia haciendo frente a un sistema enfocado a la neurotipificación, ella que siendo el máximo exponente en hemisferio derecho pedía a gritos procesar la información siguiendo la lógica de su psinapsis.
Mujer muy adelantada a nuestra época que desde su etapa octogenaria nos ha adelantado incontables premisas, entre ellas el grito desesperado de sus pájaros buscando ese cielo limpio como sus ansias de volar por encima de la simpleza terrenal, el ruido y la incomprensión fruto del desconocimiento de una sociedad que todavía empieza a estar en contacto con la doble excepcionalidad.
Somos muchos los que queremos agradecer su colaboración con los programas de investigación en las altas capacidades con bajas velocidades de procesamiento debido a sus umbrales de percepción, su participación desinteresada en oenegés tantos años como en el Centro de Día de la Cruz Roja y su implicación directa por hacer que la atención en nuestras residencias adquiriese otro enfoque más humano.
Nos ha despedido con ese último cuadro de Jesús representando en su rostro el pájaro que porta su propio rostro, ahí podemos verla a ella. Admirándola por siempre le damos las gracias en nombre de toda la sociedad, ha sido un placer conocerla y un orgullo para nuestra ciudad los pasos que se dieron al frente de la vanguardia educativa contando con sus enormes aportaciones.
Deseamos que el Concello de Ourense dé a conocer sus obras para así poder compartir el valioso trabajo de esta autodidacta que ha sido un puente y nexo generacional sin precedentes para nuestro alumnado neurodiverso.