La asignatura pendiente en moto

MOTOR ON

15 may 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Llega el buen tiempo y el uso de la moto se multiplica. Los fines de semana las carreteras se llenan de moteros, solos o en grupo, disfrutando de esa maravillosa sensación de libertad que solo puede proporcionar una motocicleta. Sensación que únicamente se puede ver empañada por los accidentes de tráfico, que sobre dos ruedas se multiplican siempre en esta época. La seguridad en moto todavía es una asignatura pendiente, sobre todo porque, a diferencia de los coches, en los últimos años en la moto solo se han producido avances en seguridad activa; porque en pasiva siguen siendo los cascos, los guantes y la cazadora los únicos que nos protegen a la hora de dar con nuestros huesos en el asfalto.

Para los que no lo tengan claro, la seguridad activa es aquella que evita que se produzca un accidente, mientras la pasiva es aquella que mitiga los daños en caso de que ese accidente suceda.

Y la verdad es que en seguridad activa vemos que, poco a poco, van llegando las mejoras, aunque más significativas en el caso de los modelos más sofisticados y por ello más caros. Elementos como el ABS, este sí muy generalizado incluso entre los scooters, el control de frenada en curva y el de frenada combinada, y sobre todo los controles de estabilidad, o al menos de tracción, posibilitan que las caídas sean menos frecuentes que en las motos de hace tres décadas.

Mientras tanto, a nivel de seguridad pasiva el único elemento novedoso empieza a ser el airbag de chaqueta, ese que se infla cuando detecta que vamos a dar con nuestros huesos en el suelo y que vemos cómo funciona muy gráficamente en las carreras de motos, donde los pilotos ya lo incorporan obligatoriamente.

Pero, básicamente, los peligros de la moto suelen acechar igual. La moto está en permanente equilibrio dinámico, muchas veces sobre firmes deslizantes (gravilla, agua, restos de gasoil) y a menudo en escenarios hostiles como carreteras sin guardarraíles, o con ellos sin biondas de seguridad dobles para los motoristas. También circulamos junto a otros vehículos (coches, camiones, autobuses) que tienen alta capacidad de dañar al motorista.

En este entorno, la mejor seguridad que podemos tener sobre dos ruedas es el sentido común. El comportamiento responsable, la conducción defensiva, siempre pensando por dónde puede surgir el peligro, como decía un viejo motero con miles de kilómetros encima, oliendo el gasoil antes de llegar a él.

La moto es para disfrutarla. Muchos años y muchos kilómetros. Solos o en compañía, en largos viajes o en desplazamientos cortos, por autovías o por las más serpenteantes y reviradas carreteras de nuestra Galicia. Desde la DGT se ha activado una alerta ante el alto número de siniestros de motos en las últimas semanas en Galicia (87 en total, con cuatro fallecidos), una alerta que llevará a multiplicar la vigilancia en tramos de carreteras frecuentados por motoristas durante los fines de semana. Es bueno que desde la DGT cuiden a los moteros y hay que pedirles a los otros actores del tráfico, los automovilistas principalmente, que extremen también la precaución y a veces el respeto hacia ellos, más vulnerables. La moto es un vehículo indispensable en el panorama del tráfico y la seguridad, su asignatura pendiente. Esperemos que por poco tiempo.