El año pasado se vendieron en España un total de 859.477 vehículos nuevos, de los cuales un 47,4 % fueron del tipo SUV, 473.512 para ser más precisos. El auge de este tipo de vehículos no tiene parangón, tras haberse cargado a los monovolúmenes que hace unas décadas marcaban tendencia y también, en cierto modo, a las berlinas tradicionales, los turismos de toda la vida.
El auge de los SUV, a los que algunos llaman «crossovers» y otros todavía los identifican como todoterrenos, aunque las aptitudes montañeras ya no sean una de sus cualidades, también se experimenta en toda Europa, lo mismo que en otros importantes mercados como el chino o el americano.
Hay un furor por el SUV, todos quieren tener uno y, para no ser sospechoso, a estas alturas ya les digo que mi coche personal es un SUV compacto. Y créanme que muchas veces me he preguntado por qué me había comprado este coche, y no pude encontrar otra respuesta mejor que porque me gustaba. Esa es la gran baza de esos coches, que son más vistosos. Entran por los ojos.
Porque si nos ponemos a analizar otras virtudes, resulta difícil encontrarlas. Contra lo que muchos cuentan, no está muy claro que sean más seguros. Tal vez en seguridad pasiva sí, pero en seguridad activa no. Tampoco son más cómodos. Es posible que viajar en posición más alta puede parecer más confortable, pero en los tramos de curvas pagaremos con balanceos esos centímetros de más. Algunos dicen que es más fácil subirse y bajarse de ellos, otros los consideran incómodos en este sentido.
Con el mismo tamaño y en la misma marca, un SUV cuesta 6.000 euros más, por término medio, que la berlina que tiene el mismo motor, acabado y equipamiento. En las marcas premium, esta brecha se acrecienta más aún entre la berlina y su correspondiente SUV del mismo fabricante.
Y en el tema de prestaciones tampoco salen beneficiados. Un SUV compacto pesa sobre 150 kilos más que las berlinas equivalentes, es mucho menos aerodinámico y su consumo supera en dos litros aproximadamente cada cien kilómetros a las más ágiles, rápidas y ligeras berlinas compactas.
Y vamos al meollo de la cuestión, sobre todo los SUV están muy por encima de las berlinas en emisiones, muchos más gramos de CO2 por cada cien kilómetros. Y esto, en un momento en el que la guerra contra las emisiones se ha desatado en Europa, hasta el punto de poner en la picota a los motores diésel, incluso a los de gasolina; en un momento en el que las etiquetas dicen quiénes son los buenos y los malos en la descarbonización del planeta, en la guerra al calentamiento global, no parece que sea muy beneficioso para los SUV. Incluso hay voces que ya se preguntan por qué este tipo de coches SUV, más pesados, gastones y emisores, no son penalizados.
No sé hasta dónde llegará este auge de los SUV, aunque ya les adelanto que en el primer trimestre de este año sus ventas en España continúan aumentando hasta el 57 % del total. Espero que a ese comité de expertos que asesoran a la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, sobre automoción, no se les ocurra decir esa frase tan temida de los SUV tienen los días contados, como hicieron con los diésel.