Mediación a la carta

Guillermo A. Barral Varela

MERCADOS

María Pedreda

Esta vía, como mecanismo para resolver conflictos, es un proceso flexible en el que existen unas fases que resulta fundamental considerar

21 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

No son pocos los que por razones laborales a menudo comen fuera de casa, de «menú»; al menos eso resultaba bastante común en la época anterior a la pandemia. Esperemos volver a ello pronto. Un menú, dentro de su típica estructura de primer plato, segundo y postres oferta posibilidades de elección, variedad. Igual ocurre con la mediación como vía para resolver conflictos: es y debe ser un procedimiento flexible por naturaleza que admita adaptabilidad al problema concreto, pues es esa versatilidad la que en gran parte propicia sus ventajas. Por ejemplo, su agilidad. Ahora bien, eso no significa que valga todo, que no haya orden ni concierto: la mediación tiene una estructura general, sus propios entrantes, segundo plato y postres que debemos considerar y dentro de los que cabrá elegir.

La mediación es un menú flexible, casi a la carta; veamos qué nos ofrece. En primer lugar, la solicitud de mediación y sesión informativa: serían como los aperitivos. La solicitud es la petición que una o todas las partes afectadas realizan a un mediador o institución de mediación para que se inicie la misma. ¿Y dónde buscar mediador o institución? Opciones hay muchas, pero mi recomendación es que se consulte el Registro de mediadores del Ministerio de Justicia, accesible en su página web.

Tras esta solicitud, el mediador citará a las partes a una sesión en la que les informará sobre aspectos importantes tales como su experiencia como mediador, el coste, la organización del proceso, la validez del acuerdo al que podría llegarse, etc. ¿Y puede prescindirse de esta sesión informativa? Volvemos a la flexibilidad: si todos están de acuerdo, sí. Mi consejo: salvo que esté usted muy familiarizado con esta forma de resolución de conflictos, no lo haga. Es un momento ideal para preguntar dudas y asegurarse de que ha elegido el restaurante adecuado, o sea, la forma que más le convence para intentar resolver su problema.

En segundo lugar está la sesión constitutiva: acudirán a ella las partes y, siguiendo con el símil del menú del día, puede compararse a un primer plato consistente; se dejará constancia en un acta de los aspectos concretos de la mediación a realizar: quiénes son las partes, quién el mediador, la descripción clara del conflicto, la duración máxima y calendario, etc. En definitiva: se deben reflejar con claridad los elementos esenciales de la mediación y de hecho, por decirlo de algún modo, constituye el «contrato de mediación».

Tercero, las sesiones de mediación: se irán sucediendo con la periodicidad o calendario previsto y en ellas, con la ayuda del mediador, las partes intentarán llegar a un acuerdo para resolver su problema; estamos ya en el «segundo plato». ¿Y habrá muchas sesiones? Dependerá de si un conflicto es por su naturaleza complejo (imaginemos una cuestión técnica sobre un fallo en una máquina de rayos X de una clínica veterinaria) o existen muchas partes (pensemos en un problema escolar que afecta a muchos alumnos); en ese caso, lo más probable es que se precisen más reuniones; de nuevo en esto se observa la flexibilidad, la mediación se ajusta al conflicto concreto y a sus circunstancia;, eso sí, con una premisa: cuantas menos sesiones, mejor. ¿Y por qué esto es así si estamos disfrutando del segundo plato? Para que no se nos atragante: la práctica demuestra que si una mediación se prolonga en el tiempo, las posibilidades de llegar a un acuerdo se reducen: se genera un agotamiento progresivo, lo que es algo natural.

Por última está la terminación del procedimiento: Llegamos a los postres: o se alcanza un acuerdo o no. Centrémonos en el caso en el que sí se llega a un acuerdo; entonces han de recogerse en un acta de la forma más clara posible los términos del mismo, pues dicho acta servirá de base para la redacción de un último documento, el acuerdo de mediación (como si fuera el fallo de una sentencia, qué decisión concreta se ha alcanzado). Y aquí llega lo bueno para rematar nuestro menú. El orujo, a modo de acuerdo de mediación, que podrá elevarse a público ante notario y tendrá la misma fuerza, por decirlo en pocas palabras, que una sentencia judicial. Como se observa, la mediación se adapta al conflicto concreto, de modo que, dentro de un esquema general preciso para la seguridad jurídica de quienes a ella se sometan, facilite llegar a una solución del modo más dinámico y flexible posible; lo dicho, menú casi a la carta.

Guillermo A. Barral Varela. Abogado de ABANCA. Mediador civil, mercantil y familiar en ASEMED.