El riesgo del código que impulsó el covid

Los QR se han convertido en una gran herramienta para consultar las cartas de los restaurantes sin necesidad de contacto, pero estos recursos pueden acabar convirtiéndose en un fraude


No son un desconocido para la inmensa mayoría de la sociedad, pero sí que siguen entrañando algunos riesgos de los que no todos son conscientes. Hablamos de los ya comunes códigos QR, que hace ya unos años eran utilizados por la mayoría de ciudadanos como justificante de un billete de avión o para entrar al teatro o a un concierto. Pero la pandemia, como con tantas otras cosas, asentó una pequeña revolución en este mundo. En este caso, el código QR vive su particular época dorada y el coronavirus ha acabado impulsando el uso de estas pequeñas manchas blancas y negras hasta niveles nunca vistos en nuestro país.

Lo atestiguan varios estudios recientes realizados en países europeos -entre los que se encuentra España- o en Estados Unidos. Según las encuestas, un 82 % de los consumidores han utilizado alguna vez uno de estos recursos y, lo que resulta más interesante, el 72 % lo había hecho en el último mes.

Aunque muchos no habían topado con uno de estos códigos -formados por puntos negros dispuestos en un cuadrado sobre un fondo blanco- hasta que el covid-19 aterrizó en nuestras vidas, lo cierto es que los QR tienen a sus espaldas más de dos décadas de historia. «Ya se utilizaban, pero no lo hacía tanta gente como ahora o, al menos, no con tanta frecuencia», explica el profesor de Estudios de Informática Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Jordi Serra. Y es que, el miedo al contagio y las medidas de restricción impuestas para frenar la pandemia han provocado que la práctica totalidad de los negocios de hostelería echara mano de este código para ofrecer a sus clientes los menús y cartas. De hecho, tal y como defiende el experto de la UOC, la gran ventaja de los códigos QR es la «facilidad» de uso en tiempos en los que el contacto táctil puede representar un riesgo para la salud.

Porque a través de estos pequeños dibujos no solo se puede consultar las comidas y bebidas de un bar, si no que también se puede acceder a las ofertas de una tienda, se puede cambiar una prenda sin necesidad de que medie un tique o incluso podemos llegar a una plataforma de pago en el momento en el que realicemos una compra.

De hecho, algunos datos que manejan los expertos de la UOC apuntan a que bares y restaurantes son los lugares en los que más se utiliza a día de hoy esta herramienta: cuatro de cada diez lo han incorporado. Mientras que en el caso del comercio, un 32 % de los encuestados asegura haberse aliado con esta fórmula para mejorar la seguridad en sus negocios.

Eso sí, hay muchos que miran a estos cuadraditos con desconfianza. Porque a pesar de que siete de cada diez ciudadanos admite que estos códigos hacen «la vida más fácil», el mismo número reconoce estar preocupado por la posibilidad de caer en una estafa.

Y ante el crecimiento exponencial de estos mecanismos, los expertos han lanzado un mensaje de alerta. Porque, efectivamente, los códigos QR no están exentos de peligros y a muchos les ha acabado provocando un disgusto al toparse con estafas o robos de datos. «Algunos redirigen a páginas web de entidades bancarias fraudulentas, que son copias de las reales, y obtienen los datos para poder entrar y robar dinero. También pueden dirigirnos a redes sociales, en las que pueden suplantarnos y pedir un rescate para devolver el control de las cuentas, por ejemplo», resume Serra.

Para entender un poco más la magnitud del problema, es necesario empezar por el principio. Los códigos QR sirven, básicamente, para dirigirnos a una URL, es decir, a una dirección de Internet. Y ahí empiezan los riesgos. Porque es relativamente fácil para un ojo no demasiado avezado distinguir una URL maliciosa de una legítima, pero no ocurre lo mismo con los QR, que es prácticamente imposible detectar hacia dónde nos van a dirigir. Y esto es carne de fraude. Porque es muy sencillo que estos dibujos dirijan a los usuarios a páginas web que contengan virus. «Hay que ser cuidadosos en su uso y desconfiar si no tenemos la certeza de que el QR lo ha generado el propietario del local o la entidad correspondiente», advierten desde la UOC.

¿Cómo evitar riesgos?

Pero existen algunas pistas que pueden evitar la caída en desgracia. La primera de ellas, y probablemente la más útil, es analizar el lugar donde se encuentran emplazados estos símbolos: «Hay que desconfiar por completo de los que están en lugares accesibles a todos, ya que los ciberdelincuentes pueden haber puesto un QR allí fácilmente». Lo mejor es consultar aquellos que se encuentren en el interior de un local o en una oficina. También puede ayudar comprobar la superficie en la que ha sido impreso. Y es que, solo así podremos descartar que encima del código original haya sido colocado o pegado un QR diferente.

Además, se puede configurar el móvil para que no abra la dirección de la web o una aplicación de manera directa. Tal y como explica Serra, se puede establecer que la cámara pregunte al usuario antes de abrir el contenido del código para poder ver antes de acceder la dirección a la que lleva.

Toda medida es poca. Porque tal y como advierten los expertos, el uso masivo derivado de la crisis sanitaria provocará que se produzcan muchos más delitos de este tipo.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
4 votos
Comentarios

El riesgo del código que impulsó el covid