Cuba emprende otra revolución

La pandemia, los problemas de Venezuela y las sanciones de Estados Unidos como eliminar la divisa equivalente al dólar


Bogotá

La crisis económica cubana, agudizada por la pandemia del coronavirus, los problemas de Venezuela y las sanciones de Estados Unidos, han empujado al Gobierno isleño a emprender una de las mayores reformas económicas de su historia. El presidente Miguel Díaz-Canel anunció en octubre la unificación monetaria, algo esperado en Cuba desde hace años. El Ejecutivo eliminará próximamente el peso cubano convertible (CUC), una divisa equivalente al dólar, creada en el 1994, durante la dura crisis generada por la caída del campo socialista, conocida como el «período especial». Era utilizada principalmente en el sector turístico y por particulares que tenían relación con personas residentes en otros países, aunque en los últimos años su uso se había expandido. Convivía con el peso cubano (CUP), la moneda en la que cobran los empleados estatales, la gran mayoría de los trabajadores en la isla, y que se cambia a 25 unidades por cada dólar estadounidense.

El plan del Gobierno es estimular la eficiencia de la economía local, acabar con las múltiples tasas de cambio, mejorar el poder adquisitivo de los cubanos y favorecer las exportaciones sobre las importaciones. Para conseguir el objetivo, devaluará el peso cubano aumentando salarios -se especula que podría llegar a multiplicarlos por cinco- y pensiones públicas, lo que generará, a buen seguro, inflación. «El problema está en lograr que el crecimiento de los precios no sea mayor al diseño de la subida de los salarios, porque sería una inflación por encima de lo diseñado», dijo a mediados de octubre Marino Murillo, alto funcionario del Partido Comunista. El Gobierno afirma que las características de la economía permiten crear condiciones para que esa situación no ocurra, pero varios analistas han previsto una inflación de tres dígitos que, de ser cubierta con una subida de salarios y topes de precios, podrían generar una espiral vertiginosa como en Venezuela. Todo ello en el contexto de un país de producción escasa, que importa el 80 % de los productos consumidos por el público. Quienes más van a ganar con la reforma son los cubanos que reciben remesas del exterior, en dólares o euros, además de las empresas turísticas públicas y privadas. Verán aumentado de manera considerable su poder adquisitivo con la devaluación del peso.

Ese es otro aspecto de la reforma que preocupa en la isla, donde se está creando una brecha entre quienes tienen acceso a dólares y quienes no. Fue palpable en agosto, cuando después de meses de desabastecimiento en las bodegas estatales, el Gobierno decidió abrir al público más de 70 tiendas repletas de productos que se podían adquirir en dólares, beneficiando solo a una parte de la población. Uno de los objetivos de las autoridades isleñas era captar los dólares guardados por los cubanos tras la crisis del turismo, una de sus mayores fuentes de ingresos, golpeada no solo por el coronavirus, sino por las sanciones de EE.UU., después de que la Administración de Donald Trump prohibiera a los estadounidenses alojarse en Cuba y la importación de tabaco y alcohol.

El último movimiento del vecino norteño ha sido prohibir el comercio con la firma cubana Fincimex, que gestiona la recepción de remesas en Cuba, una decisión que ha provocado el fin de las operaciones de Western Union en la isla, que trabajaba mano a mano con la empresa estatal cubana. El país recibe unos 3.700 millones de dólares al año en remesas y, aunque los envíos se están redirigiendo por otras vías, un descenso en las consignaciones de dinero desde otros países podría empeorar la crisis cubana. También está en alerta ante el cambio de divisa el nuevo sector privado.

Los empresarios temen que el Gobierno aumente impuestos y les obligue a subir los salarios, imponiendo límites en los precios de los productos en venta, haciendo inviables sus negocios. Muchos locales privados ya no aceptan pesos cubanos convertibles, ante los cambios de calado que se avecinan en la isla. El Gobierno dijo estar dispuesto a acabar con los subsidios innecesarios del país, aunque asegura que seguirá «apoyando a quienes no tengan ingresos suficientes».

Portugal

El PIB crecerá el 1,7 % en el 2021, según la OCDE

Begoña Íñiguez 

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) prevé que el Producto Interior Bruto (PIB) de Portugal aumente solo un 1,7 % el próximo año y un 1,9 % en el 2022, tras el desplome de un 8,4 % en este 2020, ejercicio en el que el déficit público se situará en el 6,3% del PIB. Estas previsiones se han incluido en el Boletín Económico de la organización publicado esta semana. Los datos revelados por la OCDE son mucho más pesimistas que el escenario avanzado por el titular de Finanzas portugués, João Leão, en los Presupuestos del Estado para el 2021. El Ejecutivo de António Costa prevé un crecimiento del 5 % en el 2021, del 3,4 % en el 2022 y un déficit público que se situará en el 4,3 % del PIB en el próximo año.

Reino Unido 

El comercio británico sigue sin levantar cabeza 

Juan Francisco Alonso

El 2020 pasará a la historia como uno de los peores años para el comercio británico y, por lo visto, ni siquiera en Navidad las malas noticias dejarán de producirse. En la primera semana de diciembre, tres grandes cadenas británicas se han declarado en concurso de acreedores. La primera fue el grupo Arcadia, propietario de las marcas Top Shop, Dorothy Perkins y Burton, entre otras; a ella le siguió Debenham's; y, por último, ha caído Bonmarché. En solo los primeros tres días del mes unas 26.000 personas han visto peligrar el futuro de sus puestos de trabajo. Sin embargo, los casos de Arcadia y Debenham's han sido los más sonoros. Los intentos de rescatar otras cadenas y de renegociar créditos han sido infructuosos.

Argentina

Ford anuncia inversiones que suman 481 millones

La multinacional estadounidense Ford ha anunciado que invertirá 481 millones de euros para la fabricación de la próxima generación del modelo Ranger en la planta que tiene en el norte de la provincia de Buenos Aires. El proyecto de la empresa estadounidense, con presencia ininterrumpida en Argentina desde hace 107 años, incluye un plan de desarrollo local de componentes y la modernización de la planta de General Pacheco, en el municipio bonaerense de Tigre. «Estamos empeñados en que las automoción vuelvan a ser la nave insignia de la industria nacional, con mayor incorporación de insumos nacionales y en alianza con los trabajadores para generar mayor empleo», explicó el presidente argentino, Alberto Fernández.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
3 votos
Comentarios

Cuba emprende otra revolución