Nunca te rindas


La suya, no hay de ello duda, es una historia de superación. Cierto es que hoy es el hombre más rico de China, que es mucho decir. Y uno de los más acaudalados del planeta, claro está. Pero, no siempre fue así. Ni mucho menos. Lo que tiene, se lo ha ganado a pulso. Con tesón. Y suerte, que también lo ha acompañado, todo hay que decirlo.

Basta con teclear su nombre en cualquier buscador de Internet para saber que intentó hasta en 10 ocasiones, sin éxito, que en la prestigiosa Harvard le abriesen las puertas. O que fue rechazado en una treintena de procesos de selección laboral a los que se presentó. Como aquella vez que solicitó un empleo en la cadena de comida rápida KFC, la primera franquicia estadounidense que puso un pie en China. Se presentaron otros 23 jóvenes. Todos entraron, menos él.

Pero, Jack Ma (Hangzhou, 1964) -o Ma Yun, su nombre chino- no es de los que se rinden. Nunca tira la toalla. Y aquella espinita se la sacó hace ya algún tiempo, cuando entró en el accionariado de Yum!, la multinacional que gestiona las franquicias de KFC, Pizza Hut y Taco Bell. Seguro que no es el único fantasma del pasado que ha logrado conjurar.

A estas alturas quizá no haga falta explicar que no era Ma lo que se dice un buen estudiante. Un desastre, más bien. Sobre todo, con las matemáticas. Pero, un apasionado del inglés. Y eso, a pesar de haber sido educado en las estrictas reglas marxistas del régimen comunista chino. Por eso, porque quería por encima de todas las cosas aprender inglés, no le importaba recorrer cada día en bici la distancia que separaba su casa del hotel para hablar con turistas extranjeros. Se plantaba allí y se ofrecía a hacerles de guía turístico sin cobrarles nada. Todo, con tal de practicar con ellos el idioma. El trayecto le llevaba más de una hora. Pero no le importaba. De aquella época le viene lo de Jack. Era como le decía a los turistas que podían llamarle para que no se hicieran un lío con su nombre.

Tanto esfuerzo tuvo su recompensa. Estudió Magisterio y acabó dando clases de inglés en la Universidad Hangzhou Dianzi.

Ya en 1994 creó su primera empresa, una agencia de traducción. Lógico. Lo de que Internet era una mina lo descubrió transcurrido algún tiempo de aquello. Durante un viaje a Estados Unidos. Cinco años después de lo de la agencia, fundó Alibaba, ideado entonces como un espacio para que pequeñas y medianas empresas chinas pudieran mostrar al mundo sus productos. Y venderlos, claro. Ni imaginaba el gigante que acababa de engendrar. Su salida a Bolsa en el 2014 hizo historia en Wall Street. Por su tamaño -la mayor hecha nunca hasta entonces- y por el éxito cosechado entre los inversores: en su primer día subió casi un 40 %. Anda ahora inmerso Ma en otro debut bursátil. Y no en uno cualquiera. El de Ant Group, el brazo financiero de Alibaba. Una operación con cifras de infarto que podría incluso restar brillo a la de su matriz, y acabar convertida en la mayor salida a bolsa de la historia. Es un doble estreno: en los mercados de Hong Kong y Shanghái. Hablamos del unicornio (nombre con el que se conoce en la jerga del sector a las empresas tecnológicas no cotizadas y valoradas en más de 1.000 millones de dólares) más valioso del mundo.

De momento, no se conocen detalles sobre el tamaño o el calendario de la oferta. Pero la agencia Reuters, una suerte de Biblia para los mercados, ya ha avanzado que las previsiones de Ant pasan por recaudar más de 20.000 millones de dólares (17.000 millones de euros) por el 10 % de su capital, lo que supondría valorar la compañía en 200.000 millones de dólares. Y en el caso de que las condiciones del mercado lo permitan, la oferta podría incluso alcanzar los 30.000 millones de dólares. Palabras mayores.

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