Abigail Disney, la rebelión de Blancanieves

La multimillonaria heredera del imperio que lleva su apellido ha liderado la campaña para que los ricos de EE.UU. paguen más impuestos


Se llama Abigail Disney. No hace falta,pues, explicar de quién viene siendo la protagonista del perfil que nos ocupa. Heredera del imperio que lleva por apellido. Nieta de Roy O. Disney, para más señas. Hermano de Walt Disney, con quien fundó The Walt Disney Company. No son muchos datos. Pero, suficientes para que alguno haya empezado ya a construir en su cabeza la idea de una de esas conocidas, acaudaladas, y hasta alocadas herederas que parece que vivieran posadas sobre una alfombra roja. Pues, nada que ver con Paris Hilton o Petra Ecclestone, para quienes el exceso de dinero no parece haber supuesto nunca lo que se dice un problema.

Lo de Abigail Disney (Los Ángeles, 1960) es otra cosa.Reconoce que de joven se avergonzaba de la fortuna familiar. Que eso de ser considerada una niña rica le causaba terror. De ahí su afán por estudiar. Por demostrar que su valía nada tenía que ver con el dinero. Tiene una licenciatura por la Universidad de Yale, un máster de la Universidad de Stanford y un doctorado de la Universidad de Columbia, tres de las instituciones educativas con mayor prestigio de Estados Unidos. «En cierto modo tengo complejo de inferioridad respecto a las personas que se han ganado su propio dinero, sin haberlo heredado» y «es fundamental recordar que solo eres un miembro de la raza humana, como todos los demás, y no hay nada en tu dinero que te haga mejor que nadie». Si no lo sabes y tienes dinero, es el camino al infierno», son algunas de sus frases sobre el tema.

Quizás por eso también, cuando cumplió la mayoría de edad renunció a parte de su herencia. Por eso no es extraño que su nombre esté incluido en esa lista de algo más de 80 millonarios que han pedido a sus Gobiernos que les cobren más impuestos para ayudar a sufragar la ingente carga a la que tendrán que hacer frente los países por culpa de la pandemia. Un listado en el que figuran también el ex director gerente de BlackRock, Morris Pearl; y el empresario danés-iraní Djaffar Shalchi.

«No estamos abasteciendo las estanterías de las tiendas de comestibles ni entregando alimentos de puerta en puerta. Pero tenemos dinero, mucho dinero. Dinero que se necesita desesperadamente ahora» afirma el grupo de potentados en una carta en la que reclaman a los Estados que «aumenten los impuestos a personas como nosotros. Inmediatamente. Sustancialmente. Permanentemente».

Ni que decir tiene que es Abigail Disney una ferviente combatiente de las desigualdades económicas. Siderales en el país que la vio nacer. Además de una activista convencida de la lucha contra las armas. Y feminista hasta la médula. Convicciones de las que a menudo hace gala en sus redes sociales. Como aquella foto de su mano portando un anillo en el que se podía leer fuck the patriarchy, que mostró en su cuenta de Twitter hace unos meses. Eso sí, al lado de uno de brillantes. Nada que ver con Cenicienta o Blancanieves. Como nada tienen que ver con ellas los protagonistas de sus obras. Y es que Abigail Disney no ha podido evitarlo. Se dedica al cine. Lo lleva en la sangre. Pero en sus documentales comprometidos y reivindicativos no hay corceles blancos al rescate de débiles e indefensas doncellas.

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