Café amargo en el paraíso del té

Guo Jinyi, el consejero delegado de Luckin Coffee, deberá reflotar una compañía que logró desbancar a Starbucks en China y que ha sido expulsada del Nasdaq por un escándalo en sus cuentas


Difícil tarea la que tiene ante sí Guo Jinyi (Mongolia Interior, 1981), consejero delegado de Luckin Coffee. Y es que, ha de recuperar el máximo ejecutivo del Starbucks chino el lustre perdido por la firma que ahora dirige en la refriega en la que se ha visto envuelta a cuenta de sus cuentas, valga la redundancia. Un escándalo que le ha costado la expulsión del Nasdaq. Ahí es nada. De estrella rutilante a engañifa en un abrir y cerrar de ojos.

Luckin Coffee nació hace apenas tres años. En la cabeza de su fundadora, Jenny Zhiya Qian, destronar a Starbucks en China. Nada de hacerle sombra, arrebatarle el cetro directamente y alumbrar una nueva dinastía real en el apetitoso negocio del café. Cada vez más pujante en el gigante amarillo. Como casi todo en él. A muchos les pareció una locura. Pero hubieron de tragarse sus palabras no mucho tiempo después. Sobre el papel -que lo aguanta todo- parecía que Luckin Coffee iba a ver colmadas sus ambiciones. El número de clientes no hacía otra cosa que crecer. Como la espuma que corona sus cafés. Y el de establecimientos, otro tanto. Hasta el punto de que ahora ya tiene más en China que su enemigo. Cinco mil. Que se dice pronto. Y, las ventas, por las nubes. O eso parecía.

Con esas credenciales debutaba la última estrella del firmamento empresarial chino en el Nasdaq, la meca del capitalismo. Un debut que le proporcionó casi 600 millones de euros. Así, sin despeinarse. Pero aquella estrella resultó fugaz. Menos de un año tardó en apagarse el brillo con el que encandilaba a los inversores. En abril de este año se descubrió el pastel. La empresa había inflado los ingresos que decía haber obtenido en el 2019. En 300 millones de euros. Casi nada.

Ni que decir tiene que la compañía ha puesto de patitas en la calle a más de un directivo. Entre los que han caído: Jenny Zhiya Qian y Jian Liu, la consejera delegada y fundadora de la firma, y el director financiero. No es para menos.

Pero a las autoridades bursátiles estadounidenses eso no les ha bastado, y le han acabado indicando a Luckin Coffe la puerta de salida.

Pero lo peor no es eso. Y es que, sus triquiñuelas con los números han colocado bajo la lupa a todas las empresas chinas que cotizan en el mercado norteamericano: 170 en total. Tanto es así que el Senado estadounidense acaba de aprobar una ley que las va a obligar a pasar por el mismo tamiz que a las norteamericanas. Esto es, por auditorías que sigan al pie de la letra los estándares estadounidenses. Y ya hay quien dice que antes de mostrar sus vergüenzas, muchas serán las que pongan pies en polvorosa. Claro que tampoco faltan los que aseguran que esto no es más que otro capítulo de la guerra fría en la que andan inmersas desde hace meses las dos principales economías del planeta. Una nueva forma de hostigar al enemigo. Razones para pensarlo no faltan. Ni a los unos, ni a los otros.

Así que Guo Jinyi lo tiene un tanto crudo en eso de recuperar la confianza de los inversores. Más que nada porque ya estaba en la empresa cuando se amañaron las cuentas. Como vicepresidente, para más señas. Experto en logística y transporte, llegó a Luckin Coffee a finales del 2017, cuando la empresa empezaba a despegar, procedente de la compañía de alquiler de coches CAR. Antes había trabajado en el Ministerio de Transporte de China y en la Academia de Ciencias del Transporte del país asiático. Le queda por delante a Guo Jinyi un trago amargo: endulzar la imagen del rey chino del café. Y eso, en el reino del té.

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