Pobreza a ritmo de tango

Guillermo Redondo BUENOS AIRES

MERCADOS

RONCORONI

La elevada exclusión social, el peso del trabajo en el mercado negro y la parálisis de los negocios porel avance de la pandemia ponen en jaque a la mayoría de la sociedad

12 abr 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

 El contexto económico de Argentina mostraba hasta ayer indicadores desestabilizados y variables por las nubes, pero ahora se anhela por volver a ellos. Parecía que era una crisis más, pero la pandemia ha obligado a un confinamiento que amenaza con ser la puntilla final. La situación se recrudece en los barrios y zonas más deprimidas. Con el 35 % de la población por debajo de la pobreza, un 50 % de los trabajos en negro y cada vez más gente pidiendo en la calle, vivir es ahora un acto de supervivencia. «Entre la economía y la salud, elegimos la salud», llegó a decir el presidente Alberto Fernández. La decisión no era difícil. Salvar a la economía se antojaba complicado, un desafío casi inalcanzable, pero ahora la gravedad comienza a percibirse en los barrios más humildes. Tanto es así que, durante la semana, algunos alcaldes de localidades solicitaron al presidente decretar el estado de sitio para evitar una posible ola de saqueos. La iniciativa fue denegada, pero sí se ha podido ver al ejército desplegado en los suburbios de la ciudad de Buenos Aires.

Su función es la de dar apoyo social y facilitar el acceso a la comida para quienes el confinamiento haya desprovisto de víveres y de posibilidades de obtener ingresos. Así se pueden ver largas filas de personas esperando con un cuenco en las manos y militares uniformados con mascarillas y guantes sirviendo comida. En la actualidad, más de 16 millones de personas viven por debajo del límite de la pobreza en Argentina. La proporción de trabajo informal se eleva hasta el 49,3 %, con más de siete millones y medio de personas, y la tasa de paro se sitúa en el 8,9 %. Esas eran las cifras previas a la llegada del coronavirus y ahora se espera que, desde el punto de vista socioeconómico, las consecuencias sean dramáticas. Para intentar evitarlo, el Gobierno ha prohibido a las empresas despedir a los trabajadores, pero eso no afecta a quienes no trabajan en el mercado negro.

Una de las zonas donde se ha desplegado el Ejército es en el partido de la Matanza, un territorio superior a la ciudad de Buenos Aires, con una población cercana a los 2 millones de habitantes y 130 villas de asentamiento. «Los vecinos te dicen que están pasando hambre, que no les alcanza», dice Damian Santo, comerciante de San Justo, el principal territorio de la ciudad. Él ha cerrado. «Aquí el 60 % de los trabajadores se le han cortado los ingresos», lamenta.