La crisis del coronavirus pone en jaque los Juegos Olímpicos

Numerosas pruebas de clasificación se han cancelado o aplazado para evitar el riesgo de contagio entre los participantes. El comité organizador y el COI cruzan los dedos y alargan los plazos antes de tomar una decisión


Redacción / La Voz

La celebración de los Juegos de 1992 en Barcelona, o las más recientes y fallidas candidaturas de Madrid, pusieron de relieve en España las rígidas condiciones que la cita más importante del deporte mundial exige a aquellos lugares donde se celebra. No fue menos Tokio, que se sometió a todo tipo de análisis y discusiones, incluidos aquellos sobre su respuesta en caso de desastres naturales, como terremotos o incendios, o hasta que fuese objetivo de ataques terroristas. Sin embargo, nadie nunca se planteó cómo reaccionaría ante una pandemia global. El COI y los organizadores locales lidian ahora con la incierta amenaza del brote del coronavirus, que amenaza con hacer descarrilar la apertura de unas competiciones largamente esperadas por atletas y aficionados.

Nadie se atreve a asegurar hoy que los Juegos Olímpicos se inauguren en Tokio el 24 de julio. La mayoría de los deportes del programa olímpico se encuentran en plena fase de clasificación, pero algunas de las pruebas se han cancelado o aplazado para evitar el riesgo de contagio entre los participantes. La más relevante ha sido el mundial de atletismo en pista cubierta de Nanjing (China), pospuesto hasta el próximo año, pero también está habiendo muchos otros, como el Preolímpico de baloncesto femenino, donde la selección española acaba de lograr el pase, que fue trasladado de China a Serbia. Parecida incertidumbre a la que pesa sobre los Juegos se cierne sobre las dos grandes citas futbolísticas del año, la Copa América y la Eurocopa, que coinciden en fechas, del 12 de junio al 12 de julio, y se jugarán en varias sedes: la Copa América en Argentina y Colombia, la Eurocopa en doce países.

La psicosis por una propagación masiva también ha llegado a Japón, donde los centros escolares permanecen cerrados, toda competición deportiva ha sido anulada y numerosas ya fueron suspendidas o retrasadas. Incluso la preparación de los 80.000 voluntarios olímpicos, que debía haber comenzado el pasado 22 de febrero, se postergó al menos dos meses.

Con este panorama, ¿podrán disputarse los Juegos? En un evento deportivo de esta magnitud se espera la participación de más de 10.000 deportistas, con sus correspondientes equipos, federaciones, asistentes y árbitros, además de la llegada a Japón de cientos de miles de aficionados y turistas. El comité organizador de Tokio 2020 fijó el presupuesto oficial en 1,35 billones de yenes (11.200 millones de euros), pero la Junta de Auditoría de Japón estima que el coste real, incluido el gasto por parte de las autoridades locales y el Gobierno central, supera el doble de esta cifra. «No estamos considerando la suspensión de los Juegos», afirmó en su última aparición pública el consejero delegado Toshiro Muro. Y se agarró a un argumento sorprendente: «La temporada de lluvias en Japón puede derrotar al virus».

Dick Pound, el miembro más veterano del COI, fue esta semana más allá y estimó en unos tres meses el plazo para tomar una decisión definitiva. Eso sí, descartó que los Juegos puedan trasladarse a otro lugar que no sea Tokio y también reconoció como poco probable que las competiciones puedan dispersarse por varios países, porque eso, dijo, «no serían unos Juegos». El caso es que el coronavirus mantiene en vilo al deporte.

«Ni se me pasa por la cabeza que se puedan llegar a suspender»

La preocupación por el coronavirus no ha calado en la mejor generación olímpica gallega, centrada en la preparación de la que puede convertirse en una cita histórica para el deporte de esta esquina del Atlántico. Así lo reconocen dos deportistas que ya han conquistado el pasaporte a Tokio 2020, el arquero Miguel Alvariño y el atleta Adrián Ben.

Alvariño disputará sus segundos Juegos y sostiene que no está preocupado. «Estoy centrado en mejorar para ser campeón olímpico, lo demás no me interesa, para eso seguí después de Río», señala el pontés, quien reconoce que ve «a todo el mundo muy nervioso y alterado, pero a mí ni se me pasa por la cabeza que se puedan llegar a suspender», añade. Eso sí, advierte de que una medida de este calado debería llevar aparejadas muchas otras que den tranquilidad a los deportistas. «Habría que ver qué pasa con las becas y los patrocinadores que te están pagando. Si pasase una cosa así, llegaría a plantearme para qué estoy entrenando. Sería una putada muy grande», subraya.

Unas palabras en las que coincide con el vivariense Adrián Ben, quien insiste en que se trata de una inquietud que está «fuera del alcance» de los deportistas. «Claro que me preocupa que se pueda llegar a tomar una medida así, porque tengo la mínima y uno de mis sueños desde siempre ha sido ser olímpico, pero no puedo hacer otra cosa que entrenar, no está en mi mano lo que suceda al final», afirma, antes de reconocer que la suspensión debería llevar aparejada otras decisiones que den tranquilidad a los deportistas. «Hay mucha gente que tiene contratos, y que por participar en los Juegos se lleva un incremento, pero no sé cómo se gestionaría eso», señala.

Solo tres suspensiones totales por culpa de las grandes guerras

Los Juegos Olímpicos modernos, que datan de 1896, se han aplazado solo durante las dos grandes guerras mundiales. Así, los previstos para Berlín en 1916 se cancelaron a causa de la Primera Guerra Mundial, declarada en 1914. También se suspendieron los que se iban a disputar en 1940 en Tokio (verano) y Sapporo (invierno) a causa de la situación bélica en Europa y Asia, pues Francia y el Reino Unido estaban en guerra con la Alemania nazi y la Italia fascista, mientras Japón había invadido China. Los Juegos de 1944 fueron designados a Londres, pero la situación internacional volvió a imposibilitar su celebración. La Segunda Guerra Mundial acabó en 1945.

A partir de entonces no hubo más aplazamientos totales, aunque sí dos suspensiones parciales. El 5 de septiembre de 1972, en plenos Juegos de Múnich, las competiciones se interrumpieron durante 36 horas a causa del ataque terrorista de Septiembre Negro contra el equipo de Israel y la posterior ceremonia fúnebre en el estadio. También se detuvieron 24 horas el 28 de julio de 1996, durante los Juegos de Atlanta, a causa de la explosión de una bomba en la villa olímpica, que causó dos muertos y 111 heridos.

Además, hubo boicots en varias ediciones, los más significativos en Montreal 1976 (muchos países africanos no acudieron por la presencia de la Sudáfrica del apartheid), Moscú 1980 (Estados Unidos y sus aliados declinaron participar en protesta por la invasión soviética de Afganistán) y Los Ángeles 1984 (en represalia, la URSS hizo lo mismo).

En el 2016, antes de los Juegos de Río, la crisis del virus zika, que era transmitido a través de la picadura de los mosquitos, también hizo temer por la suspensión, pero al final el impacto fue irrelevante.

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