Cómo valora la OCDE a Galicia

Los gallegos disfrutamos de un nivel de bienestar que roza la excelencia en ámbitos como la seguridad, la sanidad o el medio ambiente, pero tiene mucho trabajo por delante en otros como el empleo, la renta media o la educación. Eso es lo que sostiene el indicador regional de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. El diagnóstico que realiza de la comunidad puede resultar de gran utilidad para pensar y diseñar las políticas públicas que han de guiar nuestro futuro.


Subdirector del Foro Económico de Galicia

A nadie se le escapa la importancia de cuantificar cualquier magnitud. En el ámbito económico esto resulta especialmente relevante y buen ejemplo de ello lo constituye el hecho de que la publicación de un dato económico oficial supone una noticia de interés. Sin embargo, medir determinadas cuestiones económicas no resulta fácil y ello complica la toma de decisiones que deben basarse en dichas variables y la interpretación de las mismas.

En este sentido, cabe señalar al bienestar de la población como uno de los objetivos que debería disponer de un claro referente a la hora de ser medido. Sin embargo, no ocurre así en la realidad y el primer error que es frecuente encontrarse se produce cuando se asocia esta magnitud a variables exclusivamente económicas, como la renta o el ingreso. Si bien es cierto que estas inciden de manera determinante en la calidad de vida de las personas, también lo es que otros aspectos no incluidos (entre ellos, todo lo referente al bienestar subjetivo) deben ser considerados.

Por tanto, no existe una medida consensuada a la que acudir cuando se pretende responder a la pregunta de cómo se vive en un territorio. Más bien al contrario, cada vez es más frecuente la recomendación de que este hecho sea observado a través de un conjunto suficientemente amplio de variables o dimensiones.

Este es el ejercicio que realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), utilizando para ello su indicador regional: el OECD Regional Well-Being. Este índice mide el bienestar en las más de 400 regiones de la OCDE en función de once temas centrales para la calidad de nuestras vidas. Además, su presentación visual a través de una página web interactiva, permite no solo conocer cómo está una región en particular, sino también su comparación con el resto de los territorios.

Un rápido vistazo al indicador arroja resultados interesantes para Galicia que nos ayudan a conocer, en términos comparativos, cómo se encuentra la comunidad en diversos aspectos que van desde la educación o la salud hasta el empleo o incluso la satisfacción vital. La primera conclusión que extraemos es que los gallegos disfrutamos de un nivel de bienestar digno de mención. Así, en cuanto a seguridad, nuestra comunidad tiene la máxima puntuación (10 sobre 10), mientras que en otros ámbitos como el sanitario, comunitario y el medioambiental nuestras puntuaciones se elevan hasta el sobresaliente.

En el extremo opuesto, y muy por debajo del aprobado, nos encontramos con las puntuaciones que la OCDE otorga a las variables con un componente marcadamente más económico, como son el nivel de ingresos y el empleo. En ambos casos no llegamos a los cuatro puntos sobre diez, evidenciando una clara debilidad en este flanco. Y, a consecuencia de ello, en la dimensión más subjetiva de las once empleadas en este indicador (la satisfacción con la vida), Galicia tampoco alcanza el aprobado, al situarse con una puntuación de 4,4 puntos. Así pues, y quizá también con cierta influencia de nuestro carácter y forma de ser, nos mostramos vitalmente como poco satisfechos (tanto en términos objetivos como, también, comparativos).

Otra interesante utilidad de este índice consiste en conocer cuáles son las regiones que más se parecen a Galicia a partir de la comparación de las once dimensiones empleadas. Y así nos encontramos con que Lisboa, Irlanda del Norte, Cerdeña y la irlandesa Border-Midland-Western son las regiones que guardan más similitudes con nuestra comunidad. Esta constituye una buena indicación para saber con quién podemos compararnos a la hora de establecer políticas regionales.

Además, este aspecto permite extraer una conclusión favorable para Galicia, puesto que nos sitúamos en calidad de vida al nivel de regiones con un nivel de riqueza superior. Basta para ello recordar que, según datos recientes de Eurostat, el PIB per cápita de Lisboa se sitúa casi en la media europea (98 sobre 100) y el de Irlanda del Norte en 83, mientras que el índice gallego está en posiciones bastantes más bajas (78 sobre 100). Se pone así de manifiesto lo señalado al principio de que la calidad de vida no depende exclusivamente del componente económico, que es lo que recoge el PIB.

Frente a las fortalezas señaladas (en las cuales el comportamiento gallego roza la excelencia), resulta importante centrarse en aquellos aspectos donde Galicia evidencia claros problemas y aspectos que deben conducir a la reflexión. Haciendo un ejercicio de síntesis sobre la información proporcionada por este indicador, son dos los puntos que deben ser identificados.

El primero de ellos reside en el hecho de que mientras que en la comparativa con el resto de regiones Galicia ocupa posiciones favorables o centrales (salvo en los casos indicados), esto no es así cuando la analogía se reduce a dentro del Estado español. En la gran mayoría de las once variables estudiadas, nuestra comunidad está en los últimos puestos del ranking nacional y solo en tres de ellas (seguridad, medio ambiente y vivienda) ocupa posiciones superiores.

Especialmente desfavorable es el puesto ocupado en dos dimensiones, acceso a servicios y participación ciudadana, ya que Galicia se ubica en el puesto 17 sobre un total de 19 regiones españolas. En concreto, lo que la OCDE valora aquí es el acceso a la banda ancha y la participación en procesos electorales donde, como evidencian los datos, ocupamos el vagón de cola del conjunto español.

Un segundo aspecto de preocupación, por su relevancia en el desarrollo futuro de toda población, reside en lo relativo a la dimensión educativa. Aquí, Galicia alcanza 4,2 puntos sobre 10, lo que supone ocupar el puesto número 10 en el total estatal y no llegar a ese umbral simbólico del aprobado.

Bien es cierto que dentro de España la ubicación es central, pero cuando ampliamos la perspectiva al conjunto internacional, se encuentra claramente en el conjunto de regiones con valoración más baja (un nivel un 26 % inferior del total). Al tratarse la educación de una dimensión especialmente sensible, este dato debe ser destacado en sentido negativo de todos los que podemos obtener del indicador de la OCDE.

Contextualizando

El ejercicio realizado permite ampliar la visión de la calidad de vida de Galicia más allá de lo que se realiza tradicionalmente cuando se emplea solo un indicador económico. Este hecho es importante y posibilita aumentar el foco de atención. La selección de qué dimensiones incluir responde a multitud de criterios y es algo aún no resuelto ni en el ámbito académico ni político. No obstante, si se manejan adecuadamente indicadores como el de calidad de vida de la OCDE aquí presentado, contaremos con más (y mejor) información para conocer la situación de nuestros territorios, tomar decisiones y, especialmente, conocer los avances que se produzcan. Ya solo por ello merece la pena valorar y agradecer todo este tipo de esfuerzos para el avance en la medición y cuantificación de variables sociales en un territorio.

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