Oso, que no gato

Alba Tous, la presidenta de la compañía de joyas que lleva el nombre de su abuelo, acaba de cerrar, con el archivo de la causa, la polémica sobre el relleno de las piezas que fabrican


Redacción / La Voz

No ha sido este lo que se dice un buen comienzo de año para Tous. Ni mucho menos. La polvareda levantada por la denuncia de una asociación de consumidores de Córdoba, que acusaba a la marca de dar gato por oso a sus clientes, vendiéndoles piezas rellenas de plástico, amenazaba con convertir el 2020, el año del centenario de la compañía catalana, en su particular annus horribilis.

 La firma cuyos orígenes se remontan a 1920, cuando el joven aprendiz Salvador Tous Blavi se inició en el oficio de relojero, se defendía asegurando que eso de emplear metacrilato para rellenar las joyas es una técnica expresamente permitida por la ley que se empezó a utilizar hace ya 25 años. Electroforming es como se la conoce en el argot joyero, aclaraba. Pero sobre la mesa había un informe de la Guardia Civil que decía que la familia Tous la usa para abaratar costes. Presuntamente, claro. Mal asunto.

 El calvario, eso sí, ha durado poco. Menos de una semana. Porque el lunes el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz daba carpetazo a la denuncia de la Fiscalía contra la marca por los delitos de publicidad engañosa, estafa continuada, falsedad en documento y corrupción en los negocios en relación con este caso.

Sea como fuere, otra vez ha estado la familia de joyeros en medio de la tormenta pública. Y ya van tres en pocos años. La primera, y más grave, la que desató el llamado caso Tous. Un capítulo que acabó en acuerdo judicial cuando Lluís Corominas, yerno de los propietarios (marido de la ahora presidenta de la empresa, Alba Tous) y jefe de seguridad privada de la saga, aceptó dos años de prisión tras reconocer que había cometido un delito de homicidio por imprudencia grave profesional cuando disparó contra un asaltante en la lujosa casa familiar de Sant Fruitós del Bages (Barcelona) en diciembre del 2006. Menos dramático, pero también fuente de preocupación para los Tous, fue la polvareda que se levantó a cuenta de la foto en la que, supuestamente, Alba Tous posaba junto a Carles Puigdemont con una bandera independentista en casa de Pilar Rahola, a la que habían acudido para dar buena cuenta de una paella. No era ella la de la foto, pero estaba en esa fiesta. Aquello les costó una llamada al boicot de sus productos por parte de los unionistas. Y con las Navidades ya a las puertas cuando la polémica saltó, los Tous proclamaron su españolismo. Y entonces fueron los independentistas los que los arrojaron a los leones.

Y ahora, el embrollo del relleno. Todo un sobresalto para las hermanas Tous, al frente de la compañía desde que sus padres, Salvador Tous (hijo del fundador) y Rosa Oriol, se retiraron de la primera línea. Ellos fueron quienes levantaron el imperio familiar a partir de la pequeña joyería fundada por el abuelo en la calle Born de Manresa, cuyas riendas tomaron en 1968. Él es presidente de honor; y ella -el alma del oso, que ideó tras un viaje a Milán en 1985, inspirándose en uno de peluche que vio en un escaparate de una tienda de juguetes- diseña la colección más exclusiva de la firma.

Alba, la segunda hija del matrimonio, licenciada en Gestión de Joyería en Lausanne, es la presidenta; y Rosa, la primogénita y gemóloga, ocupa la vicepresidencia. Las dos pequeñas, Laura y Marta, también trabajan en el negocio familiar. Eso de las joyas lo llevan en la sangre. «Cuando éramos pequeñas, en casa se desayunaban pulseras, se comían pendientes y se cenaban sortijas» es la frase que mejor lo resume. Es de Rosa Tous. Por no hablar de las horas que pasaron en el taller de la joyería, convertido a ratos en salón de juegos.

De joyas saben, está claro que saben. Y de polémicas, también. A la fuerza ahorcan.

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