Leer a Piketty

Xosé Carlos Arias
Xosé Carlos Arias CATEDRÁTICO DE ECONOMÍA DE LA UNIVERSIDADE DE VIGO

MERCADOS

Alberto Martín

29 dic 2019 . Actualizado a las 05:05 h.

El nuevo libro de Thomas Piketty, Capital e ideología (Deusto, 2019), es todo un festín intelectual. Sus casi 1.300 páginas se leen siempre con interés, con la continuada percepción de estar ante un texto que dejará un notable legado. Lo más impresionante está en el trabajo empírico: la recopilación de largas series de datos referidos a países y épocas diferentes (un trabajo que debe mucho a algunos colaboradores y sobre todo al maestro de todos ellos, Anthony Atkinson). A partir de ahí, Piketty construye una especie de historia universal de la desigualdad.

 Guarda este libro, como es lógico, relación con la anterior y famosa obra del autor, El capital en el siglo XXI. Pero aún compartiendo con este algunos aspectos (por ejemplo, ambas mantienen un atractivo equilibrio entre conocimiento técnico y evocación de contextos culturales), hay también algunas novedades importantes. La primera es la ampliación de la mirada, ahora atenta a países y situaciones históricas muy diversas. Así, las sociedades estamentales, lo que llama «sociedades propietaristas» que acompañan al desarrollo del capitalismo, las coloniales (con un capítulo particularmente interesante dedicado al esclavismo) o ya a mediados del siglo XX, los modelos socialdemócratas: todo ello es examinado con detalle, con el punto de vista fijado en la distribución de la riqueza.

 La segunda y más importante novedad está en el enfoque, centrado en la fuerza de las ideologías: la desigualdad, afirma, «no es económica o tecnológica: es ideológica y política». En este punto fundamental, Piketty está en las antípodas de la teoría a la que, por su afán igualitarista, podría a primera vista parecer más próximo, el marxismo. En una parte muy valiosa del libro investiga cómo se fue desarrollando, en el siglo XIX, una ideología que sacralizaba la propiedad en términos absolutos; cómo más tarde, ya en las décadas centrales del siglo XX, se impuso la idea de límite a la propiedad, trasladada sobre todo a la definición de unas políticas impositivas altamente redistributivas (que hicieron que en algunos países la parte del percentil superior en la propiedad total cayese desde el 70 al 30 o al 20 %). Y cómo, finalmente, a partir de la década de 1980, una nueva ideología propietarista se desarrolla con su máxima potencia, al instalarse un discurso político que defiende como nunca se había hecho la meritocracia y la necesidad de una plena estabilidad patrimonial para que la economía crezca. El resultado sería la rampante desigualdad efectivamente observada en casi todos los países, cuya causa principal habría sido la debilidad ideológica de las fuerzas en favor de la justicia distributiva (en primer lugar, la socialdemocracia clásica).

La tercera novedad es la más problemática. Piketty propone a partir de sus análisis toda una agenda de transformación social, con una idea general de hacer circular la riqueza y, con ello, «superar el capitalismo», que es lo que más está trascendiendo al debate público. Sus propuestas son extraordinariamente radicales, quizá menos por sus contenidos (participación de los trabajadores en los consejos de las empresas, impuestos muy progresivos sobre la riqueza y la renta, dotación universal de capital) que por las cifras desmesuradas que propone para esos cambios, de los cuales es difícil pensar que, de concretarse, no tuvieran un efecto negativo sobre el ahorro, la inversión y la innovación. Y es que a veces parece que para Piketty no hay otro problema que la desigualdad. Ya sería curioso que, después de varias décadas en las que la eficiencia lo era todo y la desigualdad era un problema invisible, ahora solo nos centráramos en la segunda, ignorando la primera.

Propuestas problemáticas, pero muy útiles para estimular debates necesarios. En todo caso, no dejen de leer este gran libro.