El jugón que desafía a la NBA

El jugador de los New Jersey Nets Spencer Dinwiddie quiere vender una parte de su contrato a inversores pero se ha encontrado con la oposición frontar de los propietarios de la liga


La NBA es una fábrica de hombres de negocios. Magic Johnson, Lebron James, Kobe Bryant... Y por supuesto el más grande (y rico) de todos: Michael Jordan. Es una evidencia contrastada aquello de que el dinero llama al dinero, pero son muchos los jugadores de la mejor liga de baloncesto del mundo que han acreditado a lo largo de la historia reciente un sensacional olfato para engordar sus cuentas bancarias haciendo negocios lejos del parqué. El último en querer sumarse a este selecto club es Spencer Dinwiddie (Woodland Hills, 1993), probablemente uno de los tipos más singulares que transitan actualmente por las canchas de esta competición.

No es el californiano una estrella como aquellos, un All Star, sino un jugador muy aseado que se ha hecho un nombre especialmente en las dos últimas temporadas en su actual equipo, los New Jersey Nets. A Dinwiddie no se le da nada mal el básket, pero cualquiera diría que lo suyo, en realidad, son los negocios. En enero del 2017 desembarcó en la NBA con un contrato mínimo y desde el primer momento se propuso optimizar cada dólar que ganase. Por recomendación de un amigo, invirtió entonces en bitcoins y se embolsó una cantidad más que jugosa, pues en los meses sucesivos el valor de la criptomoneda llegó a multiplicarse por veinte.

Pero no quedó ahí la cosa. Su devoción por estos activos le reportó nuevos éxitos casi sin solución de continuidad. Tras su aventura con los bitcoins, se adentró en las compras de Tron, la criptodivisa china impulsada por un elenco de multimillonarios. Y de nuevo dio en la diana. Su valor se revalorizó por seis.

Al bueno de Spencer (es un jugador muy querido entre los aficionados por sus aportaciones filantrópicas) le iban muy bien las cosas fuera de las canchas. Pero también dentro. Al tiempo que sus inversiones cogían ritmo, su juego fluía y, sin hacer ruido, su nombre empezó a sonar con fuerza en los despachos de la liga. Su mente inquieta, con todo, no paraba de rumiar planes. Y el año pasado decidió lanzar una línea de llamativas zapatillas diseñadas por él mismo.

Su último proyecto financiero, sin embargo, se ha encontrado con el rechazo frontal de la todopoderosa NBA. Por ambicioso y seguramente también por novedoso. Apenas hay precedentes en el deporte mundial para explicar lo que el alero de los Nets se ha propuesto hacer. Sintetizado en una idea: vender su nuevo contrato.

Resulta que sus buenas actuaciones en la cancha le reportaron a finales del año pasado un contrato con su franquicia por valor de más de 30 millones de dólares por tres temporadas. Y no se le ha ocurrido otra cosa que trocear una parte en inversiones mínimas de 150.000 dólares que se podrían comprar a cambio de un jugoso beneficio que el propio jugador garantizaría. Los medios norteamericanos han especulado con una cantidad nada despreciable en estos tiempos de dinero barato y bajas rentabilidades: un 15 %. El proyecto, impulsado, cómo no, a través de la criptomoneda ethereum, habría de reportarle al jugador algo más de 13 millones de dólares y se enmarca en una iniciativa mucho más ambiciosa. Lo que Dinwiddie quiere hacer es extender esta práctica entre los jugadores profesionales de distintos deportes, e incluso entre actores o influencers, para lo que ha creado una empresa: Dream Fan Shares. Su contrato sería algo así como el punto de partida. 

Pero a los propietarios de las franquicias no le gustan nada sus intenciones y han apelado a argumentos legales para frenar su proyecto. Dice la todopoderosa NBA que Dinwiddie violaría el acuerdo de negociación colectiva de la competición si comercializase su contrato. El alero no se ha dado por vencido con esta respuesta y se ha propuesto llegar a un acuerdo con sus jefes para sortear esta decisión. Si lo consigue, y para nada está descartado, abriría una nueva era en la liga.

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