California declara la guerra a Uber

Carlos Pérez Cruz WASHINGTON / LA VOZ

MERCADOS

Andrew Kelly

El Estado acaba de promulgar una ley que obliga a la compañía, pero también a Lyft y a DoorDash, a contratar a los conductores con los que mantienen una relación laboral

22 sep 2019 . Actualizado a las 05:14 h.

California es el territorio de las grandes tecnológicas; también el de las leyes más progresistas de Estados Unidos. Como si de un terremoto se tratara, en un estado que los vive con frecuencia, esa circunstancia ha ocasionado el choque de dos placas tectónicas. En defensa de los derechos laborales, la mayoría demócrata del Congreso californiano se ha impuesto por ahora a la barra libre de Uber y Lyft, las principales empresas de viajes compartidos del país, ambas con sede en San Francisco. A partir del 1 de enero del 2020, la ley obligará a estas compañías a cambiar radicalmente su relación laboral con los conductores que ofrecen sus servicios, que pasarán de ser contratistas externos a empleados. Es decir, pasarán de carecer de protección legal a obtener derechos laborales.

La nueva ley ha sido aprobada tanto en el Senado como en el Congreso de California y ha sido firmada por el gobernador, Garin Newson, que sin embargo ha mostrado en varias ocasiones su interés en que se logre algún tipo de acuerdo intermedio. Uber y Lyft, junto al servicio de entrega de comida a domicilio DoorDash, no se rinden y ya han anunciado la inversión de 90 millones de dólares en una campaña para llevar a referendo una iniciativa que les exima de esa obligación.

Las compañías argumentan que la aplicación de la ley acabaría con la flexibilidad actual, que permite al conductor dedicar tantas horas como considere y en el horario que le parezca oportuno. Obviamente, las empresas se verían obligadas a asumir gastos que hoy eluden, como la aportación a la Seguridad Social o el seguro médico de cada empleado. Entre los conductores hay también dudas. Algunos temen que la nueva legislación acabe con la flexibilidad que muchos valoran como un aliciente para complementar ingresos o que no sea posible trabajar con Uber y Lyft de forma simultánea, como es habitual en muchos casos.