Un homenaje a las cantinas de antes

El ourensano Xavier Álvarez asalta Londres con Trangallán y Furanxo, dos tipos de locales que recogen las esencias de los productos y hábitos más tradicionales de Galicia


Londres / La Voz

Al ourensano Xavier Álvarez se le ocurrió crear Furanxo después «de una conversación tonta» con su proveedor de productos españoles. Años antes, en el 2011, se había lanzado a la conquista de Londres con Trangallán, un restaurante que rescata las esencias de las antiguas cantinas, un lugar para sentirse cómodo y disfrutar de auténtica gastronomía galaica. Su nuevo proyecto, en el que cuenta como socio con su proveedor, Manuel de los Santos, es en cierto modo un híbrido: un homenaje a las tiendas de ultramarinos españolas durante el día y un bar de vinos cuando cae la tarde. «Queríamos hacer un guiño a las abacerías en Sevilla, a las cellers en Barcelona y a los furanchos en Galicia», explica.

Álvarez reconoce estar inquieto por el futuro del brexit. «Lo peor es la incertidumbre, si van a hacer uno duro o blando, si vamos para un lado o para otro, pero está claro que vamos a seguir viviendo igual. Lo importante es que la gente no deje de venir a trabajar y que no se queden preguntándose si deben de venir o quedarse». A su juicio, el tema clave del que se habla poco es el «incremento salvaje de los precios de los productos, que yo no puedo meterle al cliente», y la pérdida de valor de la libra frente al euro. Eso se traduce en un encarecimiento del coste de las setas, patatas, lechugas, la carne o las bebidas. Por poner un ejemplo, algunas botellas de vino han subido 2,30 libras (unos 2,54 euros) desde la victoria del brexit.

El hostelero gallego sostiene que este escenario ha desatado una ola de clausuras en el sector. «Ya estamos viendo el cierre de restaurantes de cadenas como Jamie Oliver, Carluccio’s o Strada». En su caso, ve cómo muchos chefs se van a restaurantes de más solera en Chelsea y a otros barrios de la capital británica. «Yo busco más y no los hay», lamenta. En Trangallán cuenta con diez empleados, mientras que para Furanxo necesita un par de profesionales, pero ante la falta de personal no le queda otra que doblar turnos o ir pedaleando en bici de un lado a otro para no perder tiempo.

Conseguir la licencia para vender y servir alcohol en Furanxo no fue fácil, pues la junta del barrio y los vecinos tuvieron que dar el visto bueno al nuevo local. No fue una batalla plácida por la resistencia de una vecina. Fue, en el fondo, una victoria agridulce, pues la disputa acabó con sus planes de servir vermús. Su modelo de negocio asume igualmente otros retos, como introducir las conservas al público británico, reticentes en algunos casos porque muchos ciudadanos asocian estos productos a la comida de la posguerra. Álvarez quiere desterrar esta imagen y su marca comercializa bonito de Conservas Currimar (Xove), sardinillas de Conservas Balea (Cangas de Morrazo), mejillones de Conservas de Cambados y las algas de la firma de Cerceda Porto Muíños.

En el caso de los vinos, el hostelero ourensano precisa que la cultura del vino en el Reino Unido es distinta de la de España. «Aquí es visto como alcohol; en España beber un vaso es un básico, como puede ser comer pan o cocinar con aceite», puntualiza. Con la salida del Reino Unido de la Unión Europea a la vuelta de la esquina, su gran temor es que «se impongan aranceles y que sea más costoso importar» algunas de las marcas gallegas con las que trabaja.

Sobre el éxito de su nueva apuesta, insiste en que «no estamos en una calle comercial y tenemos un crecimiento lento, pero ya tenemos regulares». De hecho, explica que a algunos clientes les da apuro entrar la primera vez porque sienten que «es un sitio raro». Les falta la barra del bar. Se encuentran con una tienda que, eso sí, tiene taburetes. La experiencia le dice que a los aventureros que prueban, «les sale bien y repiten».

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