«Esto es muy difícil, muchas veces hay que tirar la idea a la basura»

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Redacción / La Voz

A punto de cumplir los 40, este pontevedrés forma parte de la generación de apasionados por los videojuegos que en su juventud no tuvo acceso a formaciones específicas en el sector. No existían. Estudió Informática en la UdC, pero quería un trabajo creativo. Se empezó a formar de manera autodidacta, a base de libros y de Internet. Visitaba páginas como Game Career Guide que tenían (y aún tienen) un concurso mensual de ideas de videojuegos. Ganó varios meses. Y se animó.

Estudió entonces un posgrado de creación de videojuegos en la Universitat Oberta de Catalunya del que salió su primer proyecto publicado. Creado con un amigo, resultó exitoso entre los usuarios pero «un fracaso económico estrepitoso», admite Nacho entre risas, «porque cometimos todos los errores básicos. La típica piedra en la que tropiezas por novato».

Se levantó, se sacudió el polvo y siguió adelante, con más experiencia en avistar pedruscos. El camino lo ha llevado a la sede barcelonesa de la empresa King, creadora entre otros de los populares juegos de Candy Crash, y en la que es jefe de un equipo de diseñadores. Su máxima responsabilidad es recoger las ideas del grupo y asegurarse de que lo implementado mejora la experiencia de los usuarios: que sea divertido en el tiempo, que sea fácil de entender y que todas las áreas que dan forma al universo del juego encajen.

«Lo que más me gusta es comprobar que ha llegado a la gente, ver el brillo en los ojos de alguien que lo está probando», cuenta Nacho. ¿Lo que menos? Le cuesta encontrarlo. «Hacer juegos es muy difícil. Muchas veces hay que cambiar de idea, tirarla a la basura, empezar de nuevo. Pero es parte del proceso. No sé, lo mío es tan vocacional que me gusta todo».

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«Esto es muy difícil, muchas veces hay que tirar la idea a la basura»