Ecocertificaciones en el sector pesquero

Fernando González Laxe
Fernando González Laxe CATEDRÁTICO DE ECONOMÍA APLICADA DE LA UDC

MERCADOS

MARCOS CREO

La sociedad camina hacia una era de consumo responsable en la que la demanda de información sobre aquellos bienes que adquiere será cada vez mayor. En el caso de los pescados y mariscos, una industria estratégica para Galicia, la ecoetiqueta ha de convertirse necesariamente en un reto para la industria si quiere satisfacer estas nuevas exigencias vinculadas al origen del producto, su calidad nutritiva y cualidades organolépticas o las características del vendedor

08 jul 2018 . Actualizado a las 05:13 h.

España posee una amplia y larga tradición de país pescador y su mercado se caracteriza por ofertar una amplia variedad de productos pesqueros con destino a la alimentación y a las industrias del frío y de conservas. En un contexto de intensos intercambios comerciales pesqueros y de una progresiva dinámica de especialización productiva, la ecolabelización parece resultar una de las apuestas más sólidas por parte de los productores. Dicha apuesta no solo aparece como elemento distintivo, sino también como condicionante para influenciar en las decisiones de compra.

Diversas iniciativas de pescados ecocertificados se han propuesto a los consumidores. En Francia son conocidos los vínculos existentes entre empresas y pescadores: MSC/Findus; Pesca Responsable/Carrefour; Tallas mínimas/Auchan; Preservar el Océano/Casino. En España, los casos de asociación entre productores e industrias dirigidos a objetivos de promoción comercial son más bien escasos; y la mayor parte de los acuerdos son ocasionales. Predominan las asociaciones de índole geográfica, como Merluza/Celeiro; Mejillón/Galicia; Percebe/Costa da Morte; Gambas/Palamós-Huelva; Caballa/Huelva; Melva/Andalucía. Son ejemplo de utilización de imágenes de marca, algunas de ellas convertidas en denominaciones de origen protegidas y otras en indicadores geográficos protegidos.

Estas circunstancias abren un amplio debate sobre la certificación. Existen opiniones que se decantan a favor de esta implementación, en tanto que otras revelan prácticas controvertidas. La última controversia ha sido espectacular. La Fundación Changing Markets ha publicado un interesante trabajo titulado The false promise of certification, en donde descubre la existencia de malas prácticas en la certificación pesquera en ciertas zonas. La respuesta de Friend of the Sea (FOS, 3 de mayo del 2018) no se ha hecho esperar, aportando datos y criterios en contra del mencionado estudio. Lo que está en juego, por tanto, son los conceptos de la trazabilidad del producto y la credibilidad que se transmite al consumidor.

La FAO describió, en sus directrices sobre el etiquetado ecológico, los criterios mínimos y los requisitos básicos para las etiquetas pesqueras. Estos últimos se centran en definir con claridad los sistemas de ordenación referidos a los códigos de buenas prácticas; la utilización óptima de los instrumentos de gestión; y el mantenimiento de la disponibilidad de los stocks pesqueros para las actuales y futuras generaciones. Por tanto, las directrices de FAO se ocupan de tres cuestiones principales: el establecimiento de las normas de certificación; la acreditación por parte de órganos de certificación independientes; y que la certificación de una pesquería y su cadena de custodia del producto se ajusten a las normas y procedimientos exigidos.

La ecolabelización responde a una demanda diferenciada, determinada por criterios y valores medioambientales, que se caracteriza por reducir la asimetría informativa entre los productores y los consumidores. En ocasiones, se asume que dicho producto es un bien de confianza; aunque este no constituya una certificación, ni garantice normas de credibilidad. Por eso, los productos ecolabelizados contribuyen a reducir el riesgo y las lagunas de la información.

Hasta el momento, la demanda de los productos eco-labelizados había seguido una tendencia escalonada explicada por la aceptación de una conciencia ecológica. Es decir, se basaba en una motivación moral; y los consumidores la admitían como una actitud; esto es, como una respuesta y como una conducta responsable. De esta forma, normalmente estaban dispuestos a pagar una prima adicional por dichos productos.

Hoy en día, el debate se centra en la credibilidad de las instituciones que garantizan la ecolabelización. Hay estudios que defienden que debe ser un organismo público; otros prefieren que dichos organismos se basen en la profesionalización; unos terceros muestran que lo relevante es la independencia del organismo, no tanto que sea público o privado. La FAO subraya que los órganos de acreditación han de ser imparciales. Es decir, predominan las sugerencias que deberían ser transparentes en cuanto a su estructura orgánica y también en lo que concierne al apoyo financiero o de otra índole. También que deberían estar alejados de intereses creados, al objeto de no estar sometidos a presiones comerciales, financieras o de otro nivel que pudieran influir en los resultados del proceso de acreditación.

La ecocertificación es una herramienta informativa para el consumidor y que proporciona un conocimiento de varios indicadores medioambientales. Puede ser utilizado por empresas para obtener beneficios tangibles e intangibles. Puede ser utilizado como instrumento político, aunque no está exento de crítica y de falta de credibilidad. Y, finalmente, puede ser utilizado como elemento diferenciador respecto de actuaciones relacionadas con el medio ambiente.