¿Deben pagar impuestos los robots?

María Cedrón REDACCIÓN / LA VOZ

MERCADOS

Juan Salgado

Las máquinas inteligentes han llegado para quedarse. La OCDE calcula que pronto ocuparán en España en torno a un 12 % de los actuales puestos de trabajo; en ese escenario, unido a un ratio de 2,1 cotizantes por pensionista y una población a la baja, ¿Tendrían que pagar impuestos para garantizar el modelo?

19 nov 2017 . Actualizado a las 09:37 h.

Arthur, el androide que ejerce de barman en la película Pasajeros, compagina tareas mecánicas como hacer un cóctel con otras más emocionales propias de un camarero, como las de escuchar y aconsejar a los dos tripulantes que han despertado de su hibernación noventa años antes de llegar a su destino. Parece que no habrá que esperar mucho tiempo para que escenas de ciencia ficción como esa pasen a convertirse en una realidad. Un estudio de Oxford Martin School, publicado en septiembre, apunta que las nuevas tecnologías no solo van a desempeñar labores rutinarias, también tratarán de imitar el cuerpo y la mente humana desarrollando labores como conducir camiones, redactar textos legales, hacer diagnósticos médicos o trabajos de vigilancia. El economista jefe de Arcano Economic Research y coautor de La disrupción tecnológica ya está aquí. Cómo afecta a las personas, los gobiernos y las empresas, Ignacio de la Torre, plantea una pregunta: «¿Qué porcentaje de las actividades que realizamos durante el día son automatizables? En torno a tres cuartas partes lo son y, por tanto, son sustituibles por un robot. Haciendo una proyección conservadora, en unos años un 10 % de los empleos actuales podrían ser desempeñados por máquinas (la OCDE habla de un 12 %). Haciendo un cálculo más agresivo, el índice podría elevarse al 50 %». En ese contexto, y teniendo en cuenta que, en base a los datos de la Seguridad Social, el pasado mes de julio el ratio de cotizantes en activo por pensionista era en España de 2,1 -los expertos hablan de más de 2,5 para que sea sostenible el modelo-, que la pirámide poblacional tiende a invertirse y que el ritmo de creación de nuevos empleos en sectores derivados de esta cuarta Revolución Industrial avanza a un ritmo más lento del que las máquinas o algoritmos van sustituyendo a los trabajadores, el debate abierto el año pasado en el Parlamento Europeo con el Informe sobre las Personas Electrónicas, continúa latente. La cuestión que plantea es que las máquinas inteligentes paguen impuestos o coticen a la Seguridad Social para garantizar el modelo de bienestar. La medida no solo es defendida por agentes sociales como UGT. Voces como Bill Gates o el socialista francés Benoît Hamon apostaron por ello. Pero no todo el mundo lo ve tan claro. Sobre todo porque de ese modo se estaría penalizando la innovación. Por no hablar de las complicaciones de aplicar un cambio que, de no hacerse de modo homogéneo en todos los países, acabaría fomentado la deslocalización de las empresas más competitivas.

«Con propuestas como la planteada por Bill Gates se estaría penalizando la eficiencia y la innovación. Cuando una empresa se robotiza, tiene menos costes, es más competitiva y entonces ganará más. En consecuencia pagará más impuestos. Hacer pagar una tasa a las máquinas sería una carga añadida», apunta el profesor de Innovación del IE Business School Enrique Dans.

¿Discurso populista?

Para el profesor de Deusto David Ruiz de Olano, el debate abierto en Francia «responde a un discurso populista para ganarse a los trabajadores porque la realidad es más compleja. La innovación hace un proceso productivo más eficiente y, por tanto, el producto es más barato. Hasta ahora invertir en robots era una inversión en capital . Era algo que se incentiva en muchos países. Poner el impuesto sería hacer lo contrario y, además, sería una medida cortoplacista. El cambio hay que verlo como una oportunidad».