Vientos de cola


Por los datos de coyuntura económica que vamos conociendo, a pocas economías europeas han aprovechado tanto como a la española algunas circunstancias favorables de los últimos años. Sobre todo la política monetaria del BCE, con sus efectos sobre los tipos de interés y el tipo de cambio del euro (y más allá, sobre la estabilización financiera general), que ha jugado un papel dinamizador muy importante sobre la marcha reciente de nuestra economía. Junto a otro factor ajeno, los bajos precios de los productos energéticos, de los que somos tan dependientes, componen los ya famosos «vientos de cola», responsables de buena parte de la actual reactivación.

No parece, afortunadamente, que tales vientos vayan a cambiar de dirección, para convertirse en factores adversos, en un futuro previsible. Pero sí es más que probable, sobre todo por lo que respecta a los efectos de la política monetaria, que se calmen hasta casi desaparecer más pronto que tarde. Aunque la estrategia de compras masivas de deuda sigue a toda máquina, no está lejano el día en que la extrema heterodoxia monetaria deje lugar a un escenario mucho más normalizado. Entonces será el momento de comprobar el grado de fortaleza del crecimiento de la economía española, cuestión sobre la que cabe expresar algunas dudas.

La primera de esa dudas surge de la necesidad ineludible -hoy ya aceptada por casi todos los observadores- de revertir la situación de los salarios. «Es el momento de una subida salarial», se repite con frecuencia y con toda razón. Ese es no solamente un mecanismo para combatir la desigualdad y el malestar rampantes, sino también la primera vía para dotar de alguna consistencia la dinámica del crecimiento, al consolidar la demanda. Sin embargo, también lleva aparejado un buen grado de incertidumbre, pues mucho del nuevo empleo (o subempleo) surgido está directamente asociado a esos bajos salarios.

Ello nos lleva a recordar que hay algunas cosas en el modelo productivo español que constituyen un obstáculo serio para una perspectiva de crecimiento a largo plazo; problemas que, además, han aumentado su dimensión con la crisis. La comentada dependencia de los bajos salarios es uno de los más destacados. Pero hay más. El historiador económico Jordi Palafox ha publicado un libro en el que utiliza la metáfora del viento para señalar las rémoras de la economía española (Cuatro vientos en contra, Pasado y Presente, 2017). Su selección de esos principales obstáculos puede parecer discutible, pero hay dos en los que sin duda acierta: la baja formación y la baja calidad de las instituciones sobre las que descansa todo el entramado de las transacciones en nuestros mercados.

Sin embargo, hay al menos otros cuatro factores que actúan como lastres para el futuro de la economía española. El primero, y sin duda más conocido, es la insuficiente inversión en ciencia y tecnología, manifiestamente inferior a la que mantienen los países del entorno. En segundo lugar, el persistente minifundismo de las empresas, con un tamaño medio muy reducido en ese tipo de organizaciones. En tercer lugar, a pesar de que aquí se hayan registrado algunos avances, el pobre funcionamiento general de la competencia. Y cuarto, la baja calidad media de la gestión empresarial. Todos estos factores de carácter estructural se levantan como un frío cierzo en la cara de la recuperación española, si es que se desea que esta sea sostenible en tiempo. Y es que tanto hablar de reformas, y las más necesarias -como las aplicadas a los problemas que se acaban de mencionar- apenas si han dado algún pequeño paso.

Autor Xosé Carlos Arias Catedrático de Economía de la Universidade de Vigo

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