El oráculo muerde la manzana

Warren Buffett deja de lado su aversión a las tecnológicas y refuerza su posición en Apple al cuadriplicar sus acciones


Redacción / La Voz

Por extraño que parezca, a Warren Buffett, el tercer hombre más rico del mundo tras Bill Gates y Amancio Ortega, nunca le han gustado demasiado las firmas tecnológicas, las protagonistas de esa nueva economía que cambiará el mundo más pronto que tarde. Lo suyo siempre ha sido invertir en la industria tradicional: empresas de ferrocarriles, alimentos, bancos, en los últimos tiempos aerolíneas... El oráculo de Omaha, sin embargo, acaba de dejar de lado su proverbial distancia respecto de aquellas compañías para reforzar su posición en una de las más representativas: Apple.

A través de Berkshire Hathaway, su brazo inversor, Buffett ha cuadriplicado su presencia en el gigante de la manzana al comprar un paquete superior a los 42 millones de acciones. A finales de septiembre, controlaba 15 millones. Al cerrar el 2016: 57,3 millones de títulos. O lo que es lo mismo, una participación con un valor de mercado hoy de unos 7.800 millones de dólares.

Lo curioso es que el también filántropo -en el 2006 anunció que donará el 99 % de su fortuna a la fundación de Bill y Melinda Gates- activó su apuesta por Apple mientras otros conocidos tiburones financieros como George Soros o Carl Icahn cerraban posiciones en torno a la compañía y se desprendían de importantes paquetes accionariales.

Tampoco está demasiado claro que haya sido el propio Buffett quien ha dado directamente el paso de invertir en la firma de la manzana, ya que el millonario admitió hace unos meses que fueron dos de sus hombres de confianza, Todd Combs y Ted Weschler, quienes lo presionaron para apostar fuerte. Sea como fuere, parece difícil creer que alguien con su instinto inversor autorizase semejante desembolso sin verlo claro. Y más después de un 2016 tormentoso para la empresa de Cupertino en el que llegó a perder 120.000 millones de capitalización, con la acción en el entorno de los cien dólares y los inversores dudando de su capacidad de innovar, una seña de identidad grabada a fuego en el ADN de la compañía.

¿Y cuáles son esos argumentos? Por un lado, la crisis de Samsung y su Galaxy Note 7 alivió un tanto la incontenible presión que el gigante coreano aplica desde hace años sobre Apple. De otro, las reactivadas expectativas en China, donde la firma estadounidense prevé ganar dos puntos de cuota de mercado a corto plazo. A mayores, la promesa de rebaja fiscal anunciada por Trump ha alimentado entre los inversores la posibilidad de que la compañía reparta un dividendo extraordinario. La última pata, y quizás la más importante, es el lanzamiento del iPhone 8 coincidiendo con el décimo aniversario del terminal que revolucionó el mercado. Los expertos creen que esta efeméride llevará a la empresa a echar el resto y presentar llamativas mejoras, que permitirían vender cada aparato por encima de los 1.000 dólares.

Una vez más, Buffett podría haber dado en el clavo. Hace unos días, Goldman Sachs elevó el precio objetivo de la acción de Apple a 150 dólares, muy por debajo del que el millonario pagó a finales del 2016.

ILUSTRACIÓN MABEL RODRÍGUEZ

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