Una segunda vida a la diversión

Los españoles invierten al año 1.212 millones de euros en juguetes. La gran mayoría de ellos acaban al poco tiempo olvidados acumulándose en un rincón o directamente en la basura


Cumpleaños, navidades, final de curso y eventos varios se han convertido en la ocasión perfecta para que los más pequeños de casa se peguen un auténtico festín de regalos. Algunos incluso pasan del festín al empacho. Los españoles invierten al año alrededor de 1.212 millones de euros en juguetes, lo que supone el 1,66 % del gasto total mundial en estos productos. Según un reciente estudio de la Escuela de Negocios y Protocolo Constanza Business School & Protocol School, cada consumidor de nuestro país gasta en esta partida 26,12 euros de media, mientras que la inversión que se realiza por cada menor de edad es de 143,91 euros.

Con estas cifras es fácil hacerse una idea de la situación. Año tras año, decenas de juguetes se acumulan en los hogares de los consumidores. Muchos de ellos acaban en un rincón, cuando no van directamente a la basura (se calcula que nueve de cada diez acaban en el vertedero). La salida de nuevos objetos y el rápido crecimiento de los niños condena a los cacharros al olvido y a los padres a hacer verdaderas maniobras para asumir tal volumen de trastos en casa.

Y es en ese momento cuando surge la duda. ¿Qué podemos hacer con todas esas cosas que ya no tienen más recorrido en los juegos de nuestros hijos? Cuando el juguete sigue siendo funcional, merece tener una segunda vida, y las plataformas de compra venta de objetos de segunda mano son una buena opción. En estas webs se da salida a toda clase de productos (muchos de ellos prácticamente nuevos) consiguiendo además una interesante remuneración económica. Beatriz Toribio, portavoz de Vibbo (antiguamente conocido como segundamano.es), asegura que los anuncios de juguetes publicados en su web a lo largo de todo un año representan el 2 % de todo el volumen de objetos que se mueven por su plataforma. «Los que apuesten por vender sus objetos en nuestra plataforma pueden recuperar de media el 47 % de lo que invirtieron cuando lo adquirieron nuevo», explica Toribio.

Los más buscados son los Playmobil, Scalextric, las muñecas Reborn, los Nenuco y las Nancy, todo el merchandising de Star Wars y de la Patrulla Canina, los ladrillos de Lego o las Barbies.

La venta no es la única salida. Muchos expertos recomiendan implicar a los niños en la donación de sus viejos juguetes a diferentes organizaciones benéficas que pueden darles una nueva oportunidad. Entidades como Cruz Roja, Juegaterapia, Bicicletas sin Fronteras o los hospitales de nuestra ciudad reciben cada año con gusto todos los cacharros que nosotros ya no utilizamos. Los mejor recibidos son los educativos, los que están bien conservados y los que no necesiten electricidad para funcionar.

No todos los juguetes se pueden reutilizar. El uso continuado de muchos de ellos acaba dejando severas huellas que impiden darles más recorrido. En este caso, la decisión es clara: el reciclaje. La diversidad de materiales que encontramos en la mayoría de los cacharros de nuestros hijos convierte en todo un reto tirarlos a la basura de forma correcta. Peluches y demás cacharros compuestos prácticamente por tejidos deben ir al contenedor de recogida de ropa, puesto que allí pueden ser recuperados. Mientras que el destino adecuado para los tecnológicos es, sin duda, el punto limpio. Los cachivaches de plástico -los que más copan las habitaciones de los niños- pueden tirarse en el contenedor amarillo.

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