Trump y nosotros


En más de una ocasión comenté que los economistas nos asemejamos a los surfistas, miramos al horizonte, oteamos la mar y planificamos cómo tomar la ola que ha de llegar. Todas parecen iguales, aunque todas son distintas. No se aspira a cambiarla, solo a interpretarla y, si es posible, a dominarla. Cierto que hay personas que, por su poder, son capaces de alterar el ritmo de las olas, agrandarlas, empequeñecerlas e incluso transformarlas en instrumentos de destrucción social. El presidente de los Estados Unidos es una de ellas.

Uno de los ejes del programa económico de Donald Trump es la bajada de impuestos. Discurso que ha refrendado Steve Mnuchin, futuro Secretario del Tesoro, afirmando que la bajada irá destinada a la clase media. Lo cierto es que el mundo, y el que escribe es parte de este mundo, aún no tiene claro cuál va a ser su alcance. Así que debemos de fiarnos de los comentarios de economistas republicanos como Arthur Laffer, quién afirmó en Madrid, hace unas semanas, que veía posible una bajada drástica del impuesto de sociedades del 35 % al 15 %, reducción que iría acompañada de una reforma fiscal, también significativa, en el impuesto sobre la renta.

Y uno se pregunta: ¿si todo esto ocurre, puede tener algún efecto sobre nosotros? Si pasa, ocurrirá en el 2018, el presupuesto del 2017 es de Obama. ¿Lejos? No, los mercados descuentan, así que en el momento en que los analistas empiecen a ver verosímil este escenario, comenzarán a derivar y a tomar decisiones que les pongan en posición de ventaja. Así que este escenario futuro está más cercano de lo que muchos podemos imaginarnos. ¿Y cuál es?, se preguntará. Un sobrecalentamiento de la economía norteamericana. A mi juicio, este girará sobre tres ejes: a) incremento de las rentas empresariales y personales provocado por las rebajas fiscales, b) la actual baja tasa de paro, y c) una potencial política migratoria restrictiva. Si este sobrecalentamiento se produce, lo previsible no es que se acuda a otras medidas de política fiscal -sería ideológicamente contrario al nuevo marco tributario que desea Trump-, lo que veremos será enfriamiento vía subidas de los tipos de interés. Y aquí es donde entramos nosotros. Es en este momento cuando sus decisiones atraviesan el Atlántico para entrar por la ventana de su casa.

Una política monetaria restrictiva por parte de la Reserva Federal provocará una apreciación del dólar frente al euro. Esto llevará aparejados dos efectos inmediatos. El primero, una mejora de nuestras exportaciones, y el segundo, una importación de inflación. Los productos que importemos de la zona dólar serán más caros, como la energía, provocando tensiones inflacionistas en la eurozona. Obviamente, el Banco Central Europeo tendrá que adelantarse a estos acontecimientos. No puede esperar a que todo suceda para actuar, aunque bueno, Trichet, el anterior gobernador, era bastante así, por lo tanto, nada es descartable. En todo caso, lo que sí se puede afirmar es que el nuevo entorno económico que va a imponernos Trump anticipará cambios en nuestra política monetaria. ¿Hacia qué dirección? El fin de la etapa de máxima liquidez. Pronto entraremos en un nuevo escenario donde se podrá ver, por ejemplo, encarecimiento del crédito o mejoras en el Ibex, impulsado por los valores bancarios. Si la inflación llega a superar cotas del 2,5 %, algo que puede pasar del 2019 en adelante, veremos otros cambios, pero eso ya queda muy lejos, ¿no cree?

Por Venancio Salcines Presidente de la Escuela de Finanzas

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