Bendito Banco de España


Esta semana, el Banco de España, en su línea, aparentemente aséptica, nos recuerda todo lo que ha hecho por nosotros. Debemos estar encantados, ¿verdad? Y si todo ello lo sumamos, nos sale una cantidad superior a los cincuenta mil millones. Más de mil euros por español. Pase que, como el Estado refinancia permanentemente su deuda, nunca llegue a amortizarla, pero sus costes sí, es decir, aplíquele un tipo medio del tres por ciento, y le saldrán algo más de 1.500 millones de euros año. Eso es a lo que estamos renunciando, pero bueno, siéntase feliz, lo ha hecho para «consolidar el proceso de reestructuración bancaria». Suena estupendo.

Vamos a ver, lo que realmente estamos pagando es haber tenido un banco central mentalmente incapaz. Toda la inteligencia del Banco de España junta, la élite de nuestra profesión, no se enteró, hasta bien entrada la crisis, de que teníamos un activo tóxico denominado inmueble. En el 2009, los iluminados de su Servicio de Estudios llegaron a afirmar que la bajada de precios de los inmuebles iba a despertar una demanda insatisfecha, de tal modo que, aquellos que no podían adquirirlos, ahora ya podrían hacerlo. Bendiciones divinas. A los pocos meses, estábamos en una tasa de destrucción de empleo propia de un estado de guerra. Millón doscientas mil personas a la calle en dieciocho meses. Lo nunca visto.

El Banco de España fue incapaz de ver que el inmobiliario era una termita que destruiría los pilares de solvencia del más planchado. Ignoró que a un activo que está en permanente estado de depreciación, el inmueble, no se le puede estar provisionando cada dos días. La razón es muy sencilla, el mercado del activo se ha convertido en ilíquido, es decir, aunque desees venderlo, no puedes. Por tanto, la provisión lo que está provocando es que, en un primer momento, esta devore el margen de intermediación bancaria, es decir, el beneficio obtenido del negocio tradicional y, cuando no alcance, como así ocurrió, haya que ir contra la cuenta de capital, de tal modo que si tampoco es suficiente le ocasionemos a la entidad una crisis de solvencia. ¿Qué hacer en estos casos? Capitalizar. Es lo que toca, pero ¿cómo va a ampliar capital una caja de ahorros? Por eso las transformamos en bancos. Y ahora la siguiente pregunta, bien, ya son bancos, y ahora ¿quién va a meter sus ahorros en unas entidades cargadas de activos tóxicos?. Pues usted y yo, los de siempre. Suficiente, no, la saneamos a muerte y después se la regalamos a quien quiera llevarla. ¿Por qué no quedársela el Estado y venderla en un momento álgido en los mercados financieros? No soy capaz de encontrar la respuesta sin entrar en pensamientos pecaminosos.

¿Qué hacer? Desde el 2009 hasta la primavera del 2012 la respuesta oficial fue: «No hay otro camino». Y un discurso como el que le he mostrado parecía propio de un tarado mental. Pero hace cuatro años Bruselas nos dijo: «Por Dios, saquen de una vez ese activo de su balance» y, siguiendo sus instrucciones, creamos la Sareb. Lo que le invito es a que se pregunte qué hubiera sido del sistema financiero español si ese vehículo recipiente de activos tóxicos se hubiera implementado en el 2009.

Le puedo asegurar que muchas cosas. Entre otras, que nuestra crisis financiera hubiera sido más corta y menos virulenta, ¿Por qué no se hizo en el 2009? Porque el Banco de España estaba en el mundo yupi. A finales del 2010, Zapatero estaba vencido por la crisis y, tan pronto le pasó el testigo del PSOE a Rubalcaba, se tomó el 2011 de sabático. Rajoy pudo hacerlo en enero del 2012, pero le dijo a De Guindos que, siguiendo la tradición, sacase otro decreto de provisiones ya que estaban las andaluzas al caer. En mayo todo reventó. Goirigolzarri reclamó más de veinte mil millones para Bankia, Europa metió la cabeza en nuestra crisis y ahí, en ese momento, todo empezó a cambiar. Bendito Banco de España.

Por Venancio Salcines Presidente de la Escuela de Finanzas

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