Volvemos a jugar en casa


Sonría. Las nubes que estaban atenazando la economía mundial empiezan a disiparse. Ya sabe que la economía es como la meteorología, vemos lo que vemos y siempre a corto plazo y aun así, nunca es descartable una ciclogénesis inexplicable. En todo caso, todo muestra que entramos, a nivel mundial, en una primavera económica que aunque no sabemos cuánto puede durar, es previsible que nos acompañe durante todo este año.

El índice global de directores de compra, PMI, muestra que la producción en las economías emergentes, el área en la que se estaba gestando una posible tormenta, ha mejorado ligeramente, disipando, por un lado, el miedo a una nueva recesión económica mundial y, por otro, estimulando los mercados financieros. Un análisis del comercio mundial proporciona conclusiones similares, de hecho, el índice PMI global de nuevos pedidos exteriores ha aumentado marginalmente, de 49,4 a 49,6, en marzo, apuntando a una débil expansión del comercio mundial.

Quizás lo que es más importante, los precios del brent, se están recuperando, sustentándose en una moderación del exceso de la producción a la vez que en un incremento de la demanda. Adicionalmente ha habido cambios sustanciales en Arabia Saudí que pueden ser la antesala de una modificación en su estrategia de inundar los mercados energéticos de petróleo saudita. Estoy pensando en el cese de su ministro de Petróleo y en que el nuevo titular es ahora el presidente de su multinacional petrolera, Aramco. En todo caso, no debemos olvidar que el precio del barril brent se ha incrementado en un 67 % sobre el mínimo de los últimos doce meses. Y, ¿por qué es esto tan importante? se preguntará. La caída del precio del barril destrozaba los presupuestos gubernamentales de países con los que mantenemos fuertes lazos comerciales, piense por ejemplo en México, Brasil, Colombia, Argentina, Venezuela o Brasil. Ante una bajada de los ingresos tributarios, lo natural es que estos países redujeran su gasto en infraestructuras, recortaran sus presupuestos para obra civil; si así ocurriera su demanda interior se caería y con ello sus expectativas de crecimiento. En ese marco, muchas empresas paralizarían sus inversiones, otras desinvertirían, generando una caída de las monedas nacionales frente a las divisas más fuertes, como el euro o el dólar. Esto, a su vez, provocaría un incremento del precio de los productos importados, es decir inflación sobre una parte de su cesta de la compra. Esta subida de precios supondría una pérdida del poder de compra que se manifestaría, por un lado, en una reducción del consumo doméstico y, por otro, en mayores demandas salariales. Es decir, la caída del precio del petróleo estaría creando las bases para el nacimiento de una recesión de las economías emergentes. A nivel español, indicar que esto terminaría de hundir nuestro Ibex, incapaz de aguantar el cierre de los mercados actuales de nuestras compañías de ingeniería civil. China, por un lado, está desacelerándose acorde a los objetivos marcados por sus autoridades y, por otro, los indicadores de corto plazo señalan un ritmo sostenido de crecimiento económico, se constatan mejoras en la producción industrial, en la inversión en activos fijos, en la expansión del crédito y en las ventas al por menor. El mercado de la vivienda parece estabilizarse, con un ligero repunte de la inversión residencial y aumentos de los precios de la vivienda en las grandes ciudades.

Todo parece indicar que la economía mundial se ubicará en una senda de crecimiento estable y moderado; por tanto, nunca más que ahora el crecimiento español juega en campo propio; lo que seamos, dependerá de nosotros.

Autor Venancio Salcines Presidente de la Escuela de Finanzas

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