Comprar, utilizar, pero no desechar 

La economía circular se ha convertido en la nueva bandera de la UE. Entre las medidas incluirá sanciones a la obsolescencia programada y premios a la reutilización de materiales


La Tierra y sus recursos no nos aguantan el ritmo. A la fórmula «comprar, usar y tirar», tan asentada estos últimos años entre la sociedad de desbocado consumismo en la que vivimos sumidos, hay que añadirle un nuevo factor. El que puede cambiar de forma radical todo el sistema tal y como hoy está establecido: reutilizar. 

Y ya hay quien ha hecho suya esta enseña. La economía circular se vislumbra como un nuevo sistema dispuesto a fijarse en todo el mundo en los próximos años. Y lo hará con un abanderado de honor. La Unión Europea pretende impulsar la inversión a través de esta nueva fórmula de consumo. 

Pero, ¿qué es y qué pretende la economía circular? El horizonte es bastante claro: fomentar el crecimiento sostenible en el territorio de los veintiocho y utilizar nuestros recursos de una forma mucho más inteligente y sobre todo, sostenible. Con esta meta, el camino debe discurrir hacia una nueva manera de diseñar y fabricar los productos y servicios, de tal forma que se puedan utilizar el máximo tiempo posible, ser reparados con facilidad y una vez que completen su ciclo de vida, puedan ser fácilmente reciclados. 

«Las autoridades ya se han concienciado y ahora tenemos que concienciarnos los demás. El modelo económico lineal -el que conocemos hoy en día- hay que desecharlo y superarlo, porque no tenemos recursos para seguir manteniéndolo. Hay que cambiar», asegura Anabel Rodríguez, directora ejecutiva de la Fundación Economía Circular, una entidad generadora de soluciones sobre sostenibilidad y una de las mayores expertas españolas en la materia.

Las cifras que se manejan hoy en día deben de servir como acicate para el cambio. Según los expertos, tan solo un 10 % de la población consume el 80 % de los recursos del planeta. Y dentro de ese frenesí de consumo, la realidad es que el 80 % de las cosas que utilizamos las empleamos una única vez y, en más del 60 % de los casos, son eliminadas en basureros y vertederos sin que tengan ninguna opción re recuperación o valorización.  Las cuentas no salen, y si se sigue por el mismo camino, cada vez saldrán menos.

Con la economía circular como hoja de ruta, el valor de estos materiales se mantienen durante mucho más tiempo dentro del ciclo de consumo: «La idea es mantener los recursos dentro de la economía cuando un producto ha llegado al final de su vida, para así poder utilizarlos de manera repetida y que sigan creando valor».

Ahorrar

La hoja de ruta presentada por Europa, en la que se defiende que los productos generados bajo estas premisas serán más duraderos e innovadores y aportarán una capacidad de ahorro mayor, exige cambios fundamentales en cuatro ámbitos: el diseño, la producción, el consumo y el desecho. Y para ello se ofrecerán una serie de oportunidades de financiación diseñadas para fomentar la innovación entre las empresas, financiar proyectos que investiguen acciones climáticas y ambientales específicas, respaldar actividades en las regiones europeas y ayudar a las pequeñas y medianas empresas.

Esta estrategia económica reportaría un ahorro anual de 600.000 millones de euros a las compañías situadas en el territorio del Viejo Continente.

Con buenos propósitos no sirve. Entre el plan de acción que Europa va a empezar a imponer en cada rincón de la Unión, se incluye toda una serie de propuestas que permitan mejorar todo el proceso de vida de un producto, pero también ayudas para conseguirlo. De hecho lo que sí que tienen claro las autoridades europeas es que habrá que arrimar el hombro. Por eso, ofrecerá una bolsa con más de 650 millones de euros para financiar a aquellas pymes que demuestren proyectos innovadores que entren dentro de la nueva estrategia.

Concienciar

«Hay que llevar a cabo muchas campañas de sensibilización a la población», sentencia Anabel Rodríguez, consciente del esfuerzo extra que habrá que pedir para que muchos dejen atrás rutinas tan asentadas como la de tirar un producto tecnológico cuando sale otro mejor o aprovechar más la ropa. 

Y la obsolescencia programada, ese complejo término que pulula en nuestra economía desde hace un tiempo y que se traduce en la imposición de una fecha de caducidad sobre todos los objetos que compramos, va a ser la gran damnificada. Todos aquellos agentes dispuestos a facilitar la reparación tendrán beneficios. Y lo que es más importante. La extendida idea de que es más barato adquirir algo nuevo que reparar lo estropeado empezará a quedar como algo obsoleto e irreal.

El reciclaje de productos tan peligrosos como el plástico y evitar el desperdicio de productos comestibles son otras dos de las patas que sostendrán el futuro económico.

En cifras

Existe una idea equivocada entre la sociedad. La reducción del ritmo de consumo y de compra de nuevos productos puede provocar un parón en la economía. Nada más lejos de la realidad. Los que saben ya hablan de cifras de color verde. 

«La economía circular tiene un potencial de empleabilidad muy importante. Si se aplica todo el proceso, se podrían generar de aquí al 2030 entre uno y dos millones de puestos de trabajo, entre los que 90.000 se podrían situar en España», explica Anabel Rodríguez. Por si quedaba alguna duda, esta experta sentencia la realidad. Lo que se crearía por un lado, no se destruiría por el otro. «Las industrias van a seguir fabricando cosas de la misma manera, pero para alargar la vida de los productos habría que crear nuevas tiendas, nuevos servicios, nuevos procesos y sobre todo muchos más talleres técnicos de reparación», asegura. La fórmula de las tres erres tiene futuro. Reducir, reusar y reciclar quien consiga tumbar al tan asentado comprar, usar y tirar. Y ya hay algunas grandes empresas que se han dejado convencer y seducir por lo que ya es el futuro.

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