¿Cómo medir el progreso de un país?

MERCADOS

Los investigadores Albino Prada y Patricio Sánchez publican un trabajo aplicado a la UE que, más allá del PIB, incluye una nueva metodología para evaluar el desarrollo

18 oct 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde hace ya tiempo, viene cuestionándose que el desarrollo de un país pueda medirse exclusivamente en función de lo que produce y de su renta per cápita. Naciones Unidas ya se desmarcó de esta idea en 1990. Para medir el progreso de una sociedad, además del PIB, es preciso tener en cuenta otras variables: la salud, la educación, el medio ambiente o el bienestar social. Albino Prada y Patricio Sánchez, ambos profesores de la Universidad de Vigo, acaban de publicar una investigación que aborda precisamente esta cuestión aplicada a la UE: cómo cruzando los datos de riqueza material con indicadores de desarrollo social se llega a una clasificación de países bien diferente al que se obtiene en función del PIB. «Los resultados obtenidos permiten identificar qué países transforman mejor o peor el crecimiento económico en desarrollo social, así como detectar qué dimensiones o variables del desarrollo son las responsables en los cambios de posición de los diferentes ránkings», subrayan los investigadores.

GRANDES DISPARIDADES

El trabajo pone de manifiesto que, en los 28 países de la UE, no existe un acoplamiento perfecto entre los indicadores de desarrollo social y el nivel de ingreso por habitante. De hecho, hay algunas situaciones de enorme divergencia. Ciertos países mejoran su posición respecto a su riqueza material, mientras que otros la empeoran. 

Tal y como se observa en el gráfico que ilustra esta página hay casos muy llamativos. Mientras Luxemburgo ocupa el primer puesto en renta per cápita, por ejemplo, pasa a la posición 23 cuando se utiliza una metodología de 17 variables sobre desarrollo social. A Eslovenia, en cambio, le ocurre lo contrario: es la decimocuarta en ingresos y pasa a ser la sexta del ránking. «Situaciones similares a la de Luxemburgo se dan para países como Italia, Bélgica y Grecia, y acompañan a Eslovenia en su tendencia Estonia, Hungría y Finlandia», explican los profesores Albino Prada y Patricio Sánchez.

La investigación concluye que apenas hay variaciones en otros países. Es el caso de Países Bajos, segunda en renta por habitante y primera del ránking de desarrollo social. Es decir, gana una posición. O de Suecia, que permanece en la cuarta con ambos cálculos. Y también de Dinamarca, que cede un puesto al ser la sexta en ingresos, y la séptima en la nueva clasificación. 

El trabajo académico, más allá de las cifras y las variaciones que arroja, pretende poner el foco sobre una cuestión determinante. Los investigadores sostienen que las dimensiones y variables concretas que explican la caída de posiciones de un país se pueden identificar. Y ello abre enormes posibilidades para el diseño de políticas públicas que puedan compensar y corregir ese desequilibrio en desarrollo frente al nivel de riqueza per cápita.

Los profesores Albino Prada y Patricio Sánchez han utilizado en su investigación un Indicador de Desarrollo Social de 17 variables (IDS17), que es el resultado de ampliar la metodología del llamado Índice de Desarrollo Humano (IDH) del programa de Naciones Unidas, pero de forma más ajustada a los países que presentan un nivel más alto de ingresos. «El PIB o la renta por habitante no es un indicador perfecto de desarrollo, por lo que es preciso manejar indicadores de síntesis más sofisticados», explican. 

LOS CAMBIOS

Del estudio se colige que son las variables relacionadas con el medio ambiente las que constituyen la dimensión de desarrollo social que ejerce una mayor penalización sobre los países más ricos y que, en términos relativos, favorece a los países con un menor nivel de renta. 

Otro tanto acontece con el apartado educativo, tal y como ponen de relieve en su investigación. «Son las dimensiones del empleo y las relacionadas con la salud las que más impulsan la mejora del nivel de desarrollo social de los países que tienen un menor nivel de riqueza; en consecuencia, ese comprueba que el nivel de ingresos, si bien está correlacionado positivamente con algunas dimensiones y variables de desarrollo económico, no lo está con otras», precisan ambos investigadores.

OTROS DESARROLLOS

Con el objetivo de matizar y de contrastar los resultados, los profesores consideran que resultaría prioritario ampliar el análisis al conjunto de los 186 países del mundo para los que Naciones Unidas publica su anexo estadístico. El fin sería contrastar la eventual homogeneidad de resultados en países con un alto nivel de ingresos y en aquellos territorios que disponen de unos menores ingresos. Una segunda extensión de la investigación los llevaría a incorporar nuevos indicadores objetivos de desarrollo económico: los tecnológicos y los laborales.

Aunque los analistas económicos vienen desde hace ya tiempo desmarcándose de la idea de que el PIB no es un indicador perfecto para medir el desarrollo de un territorio, el trabajo de los investigadores gallegos es novedoso desde varios puntos de vista: primero, porque incluye a todos los países de la UE en el mismo análisis y lo hace con datos actualizados. 

En segundo lugar, utiliza indicadores de síntesis estimados tanto con la metodología de la ONU como con formulaciones más sofisticadas. 

Y tercer lugar porque los resultados obtenidos permiten identificar qué países transforman mejor o peor el crecimiento económico en desarrollo social, y detectar qué dimensiones o variables son las responsables de los cambios en los diversos ránkings.

La investigación de los profesores de la Universidad de Vigo lleva por título Del concepto de crecimiento económico al de desarrollo de las naciones: una aplicación a la UE y ha sido recientemente publicada por la Revista de Economía Mundial.