«Non nos deixan ir xuntos nun coche e vimos de estar todos no mesmo barco»

Los trabajadores de la pesca reclaman quedar exentos de las restricciones para el desplazamiento a su puesto de trabajo


redacción / la voz

El pasado domingo por la noche, la tripulación de tres embarcaciones gallegas que faenan en el País Vasco compartieron autobús para trasladarse desde Portosín a Ondárroa. «Nunca fixemos o viaxe tan rápido. A autovía do Cantábrico parecía unha estrada morta; so se veían camións», relataba por teléfono Eduardo Carreño, armador del Ardorán, mientras el mal tiempo los mantenía amarrados a puerto. No en todos los casos se hace lo mismo. Otros se desplazan en furgonetas de 7 y 8 plazas desde el domicilio en Galicia hasta el puesto de trabajo.

Pero desde el lunes pasado se han endurecido las medidas para contener la propagación del coronavirus. Y esos viajes en monovolumen compartido ya no están permitidos. ¿O sí? «Nin eles se aclaran. Na subdelegación do Goberno dinnos unha cousa, no 062 outra...», comenta Ángel Bouzón, armador del Nuevo Ángel, un barco con base en Vigo y tripulación de Cesantes. Por lo pronto, «á tripulación de dous barcos que viñan en catro furgóns desde Cambados para empezar á xarda parounos a Ertzaintza e non os deixou pasar porque ten que ir cada un no seu coche», cuenta indignado. Enojado porque, para no arriesgarse a las multas de 300 euros por persona, para regresar a casa han tenido que contratar un autobús de 55 plazas, unos 2.000 euros, para viajar los 12 tripulantes separados y aislados en filas y asientos. «Non ten xeito. Non nos deixan vir xuntos no coche e vimos de estar toda a semana no mesmo barco», durmiendo en el mismo habitáculo de poco más de 6 metros cuadrados. Tan absurdo que Bouzón se planteaba quedarse en Galicia y plantar la costera si persistían los problemas. El acuerdo que tomó todo el cerco del Cantábrico de paralizar la actividad acabó de atajar sus dudas.

En coche, no; en taxi, sí

Pero no hace falta desplazarse hasta el País Vasco. Problemas también los hay en casa. Como el barco de Sada que el jueves tuvo dificultades para salir porque a dos de sus tripulantes que venían desde Ferrol no los dejaron continuar la ruta hasta su puesto de trabajo al compartir vehículo. Si finalmente zarpó fue porque uno de los marineros llegó hasta el puerto de Sada en taxi, para irritación del armador, que incendió las redes denunciando que esté permitido viajar a dos en taxi y no se autorice a dos compañeros de trabajo, que trabajan codo con codo en el barco, compartir vehículo.

«Necesitamos que dean unha instrución clara para que poidan circular os nosos traballadores», clamó Andrés García, portavoz de la Asociación de Armadores de Cerco de Galicia. Señala que los marineros deberían estar exentos de las restricciones para poder desplazarse hasta su puesto de trabajo.

García recuerda, además, que los cerqueros que faenan en el caladero gallego, a diferencia de los que van al País Vasco, «non teñen cociña, nin comedor, e non están preparados para facer vida a bordo», así que «os tripulantes necesitan vir todos os días á casa» sin exponerse a multas de 300 euros por persona.

El miedo cunde en la flota, que ya piensa en amarrar

 

Si antes tenían claro querían seguir pescando para suministrar a la población un producto de primera necesidad, ahora ya no lo tienen tanto. En la flota cunde el temor al coronavirus. Y la brutal caída de precios ha acabado por hacer mella en aquella determinación. A bordo no se pueden guardar las distancias de seguridad y el armador no está en disposición de facilitar los equipos de protección, como mascarillas y otro material. Así es que, según aseguran desde la patronal Cepesca y de la Federación Nacional de Cofradías, ya ha habido casos de marineros que se han negado a embarcar. Y el empresario no puede hacer nada porque podría incurrir en responsabilidad, al no poder proteger la salud del trabajador. En esa situación, ambas entidades se han dirigido a las Administraciones solicitando que, si bien la flota no está obligada a paralizar su actividad, ya que su actividad forma parte de la cadena de abastecimiento alimentario, se abra la puerta puedan acoger a un ERTE por fuerza mayor aquellas que se vean afectadas por algún problema de este tipo. De esa manera quedarían los armadores exonerados del pago de las cuotas a la seguridad social, incluida la empresarial.

Se suman así al clamor de las mariscadoras. La asociación Rañeir@s Ría de Arousa y varias cofradías gallegas han solicitado a la Consellería do Mar que decrete la suspensión de los planes de marisqueo de toda Galicia. Apelando a una situación de urgencia sanitaria, ya que las normas de prevención son de difícil cumplimiento, piden a la Xunta que tome una decisión que «so lle corresponde a ela» y que abriría las puertas a la percepción de ayudas para los productores.

Con todo este panorama, la Federación Galega de Confrarías ha pedido a las 63 cofradías colaboración para tomar el pulso al sector para saber en qué situación se encuentra y, en colaboración con la Administración, tomar medidas para garantizar el suministro de pescado, por una parte, y decidir qué hacer en el caso de aquellos productos, como el marisco o el erizo, que no encuentran mercado. «A xente non pode estar arriscándose para despois non ter compradores para o produto. Nin tampouco por traer peixe que despois se paga a 0,20 ou 0,50», señaló el presidente de los pósitos gallegos José Antonio Pérez.

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