Galicia participa en el desarrollo de un robot que cazará redes en el mar

Cada año se pierden en el mar 640.000 toneladas de redes que tardan 600 años en degradarse


Redacción / La Voz

Dice el refrán que no es tan fiero el león como lo pintan. Y es que, aunque muchos consideren que los barcos son los grandes generadores de residuos plásticos vertidos al mar, suponen, en realidad, una muy pequeña parte si la comparamos con la cantidad de basura que se genera en tierra y va a parar a los océanos.

«El otro día leí que los plásticos que van a los ríos son los que generan el 75 % de los que luego afectan al océano», asegura Edelmiro Ulloa, gerente adjunto de Arvi, la Cooperativa de Armadores de Pesca del Puerto de Vigo, una organización que ha decidido embarcarse en la apuesta por la sostenibilidad. Aun con ese sambenito de culpables colgando del cuello, los marineros se han puesto las pilas en esta asignatura, tanto a nivel teórico como práctico.

«Los tripulantes están cada vez más concienciados», apunta. Y adonde su conocimiento no alcanza se han puesto a su disposición «manuales» con pautas de actuación. De hecho muchos buques gallegos, los de la flota arrastrera congeladora, llevan ya a bordo compactadoras para latas, ya sean de bebidas o de conserva, de forma que ahorran espacio en cubierta. Los envases forman un bloque que luego se baja a tierra para su gestión en una planta de tratamiento de residuos. «Hay incluso, dependiendo del caladero, algún barco dotado de incineradora», dice Ulloa.  

12 toneladas, 50.000 pantalones

Además de la basura que se genera dentro del barco, «que no es mucha, la verdad», hay otra, derivada también de la actividad pesquera: la pérdida de redes y otros aparejos. «Con las técnicas de pesca actuales ya no se pierden tantas, no solo en altura y gran altura, tampoco en el cerco», explican desde Arvi. Prueba de ello son los escasos avisos que han tenido del extravío de material. «En los caladeros NAFO (Organización de Pesquerías del Atlántico Noroeste) cuando se pierde un aparejo te lo comunican. Pues bien, en los últimos dos años no hemos recibido ni una sola noticia». Consciente de que todavía pueden ser más proactivos en la lucha contra la contaminación marina, el colectivo de armadores de Vigo participa desde hace un año en dos ambiciosos proyectos de ámbito comunitario.

El primero ha desarrollado una herramienta TIC que minimiza la pérdida de redes, indicando a los patrones dónde es más fácil que se puedan enganchar y desprender del barco. Además, OceaNets pretende poner en valor el material dañado que no pueda ser reparado para la actividad pesquera pero que sí puede encontrar otros usos textiles gracias al reciclaje. Si tenemos en cuenta que doce toneladas de redes de pesca equivalen a 50.000 pantalones, imagínense cuántas prendas pueden salir de algo que, a priori, se considera basura. Las redes fueron la inspiración de la firma Cholita Corme, para darles salida en forma de bolsos, hechos a mano por rederas. Y no solo, pues de otros residuos plásticos marineros se están haciendo monturas de gafas, colchas, cojines o cortinas. Algo impensable hace unos años.

La segunda de las iniciativas en la que colaboran los armadores gallegos, NetTag, bucea en la posibilidad, todavía en fase de diseño, de crear un robot que «buscará de forma autónoma en el fondo del mar redes perdidas», indica Ulloa. Este proyecto, en el que España participa mano a mano con Portugal, consiste en colocar localizadores acústicos en las redes, para en caso de extravío, poder saber dónde cayeron y recogerlas sin que queden en el mar.

«Desde luego -concluye el gerente adjunto de Arvi- si alguien está interesado en que esto esté limpio somos nosotros. Buscamos que los stocks estén bien porque cuanto mejor estén más pescaremos y más rendimiento sacaremos, además de obtener mejores garantías de futuro».

Contenedores en los puertos para descargar los residuos plásticos recogidos a bordo

Puerto de Celeiro se sumó hace unos meses al proyecto Upcycling the Oceans, en el que también participa A Coruña. Los pescadores son el primer eslabón de una cadena circular que empieza con la recogida de residuos en el mar -cada año ocho millones de toneladas de basura terminan en el medio acuático- y finaliza transformándolos en hilo de primera calidad.

Un total de 2.539 profesionales de la pesca, 546 barcos de arrastre y 37 puertos de Galicia, Cataluña, Comunidad Valenciana, Región de Murcia y Andalucía colaboran en este proyecto, nacido en septiembre del 2015. Desde entonces han recuperado 280 toneladas de residuos.

«Nuestra certificadora de productos de pesca y acuicultura sostenibles obliga a todos los buques a desembarcar los plásticos que generen y se encuentren, metidos en sacos. Una vez aquí, se introducen en unos contenedores específicos dispuestos a lo largo de la lonja», explica Eduardo Míguez, gerente de Puerto de Celeiro. «La verdad es que están trayendo varios sacos por marea. ¿Lo que más? Restos de cabos, cuerdas, aparejos, botellas...».

Los residuos que llegan a puerto se seleccionan y los de plástico PET (tereftalato de polietileno) son llevados por Ecoembes a un reciclador, donde se encargan de limpiarlos y transformarlos en granza, con la cual se hace hilo para fabricar prendas y complementos.

El compromiso del puerto mariñano con la conservación de los océanos se extiende más allá de los muelles, con trabajos de concienciación en el CEIP de la localidad, una actividad que repetirán, dicen, todos los años.

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