La charca do Alligal acoge un curso en el que se enseñan nociones de iniciación y de perfeccionamiento
04 may 2017 . Actualizado a las 05:00 h.«Vamos, Carmen, que vas llegando». Carmen va llegando a la orilla tras nadar unos 20 metros. Es más o menos la distancia que hay de un lado a otro de la charca do Alligal, un paraje de la parroquia vilalbesa de Codesido a cuyas aguas termales, con una temperatura en torno a los 18 grados todo el año, se les atribuyen propiedades para curar problemas de piel.
De las aguas que afloran en ese lugar, procedentes de la sierra de la Carba, antes de desembocar en el cercano Trimaz, se puede comentar ahora un nuevo valor, la de servir como escenario de cursos de natación. Vecinos de la parroquia acuden a clases dos días por semana, en una iniciativa emprendida por la asociación de vecinos.
Las sesiones se celebran dos días por semana, miércoles y viernes, de diez de la mañana a doce del mediodía. Hay un grupo distinto para cada jornada, con unos 15 en cada una, aunque la de ayer tuvo una cifra de asistentes menor de la esperada. Lo que no faltaron fueron instrucciones del monitor, interés de los alumnos por seguir las nociones indicadas, buen humor dentro y fuera del agua y sensación de que las clases, que empezaron hace pocas semanas y que acabarán en junio, están dando ya resultados concretos.
«Pásase ben». Así se expresa Eulogio Rodríguez Vivero, vecino de la parroquia de Codesido que asiste al curso. Cuando empezaron las clases, nada «pouca cousa», y ahora, dice, ya nota que ha progresado. Los alumnos llevan trajes de neopreno pese a que la temperatura del agua roza los 20 grados, y en días como el de ayer, por ejemplo, el final de la sesión coincide con un despejado mediodía que anuncia un a jornada más que tibia: «Está un día estupendo para estar aquí», comenta.
Loli Paredes, alumna del curso, reconoce que se lo pasa «estupendamente» y que las clases son útiles. Sabía nadar «algo» antes de apuntarse a la iniciativa, cuyos resultados, dice, resultan evidentes. Por si eso fuera poco, no hay miedo a meterse en el agua: «Nunca está fría», admite.
Método distinto
De las clases se ocupa la empresa Sundance Old Rider, con sede en el municipio de Barreiros. El monitor, Álex Crespo, explica que los métodos empleados en el curso están alejados de los habituales y que los usados se acercan a los del submarinismo. Más allá de cuestiones teóricas, un detalle resulta difícil de olvidar para el oyente. Crespo subraya que que este método es «fácil» y que permite que los alumnos, en el segundo día de clases, ya se animen a nadar unos 20 metros «prácticamente solos».
A los asistentes, por lo observado, no les faltan ganas de aprender. El monitor afirma que cualquier edad es buena para aprender a nadar y que pensar que los niños carecen en el agua de los temores de un adulto inexperto resulta «un mito». Además destaca que este método es indicado para que una persona, incluidas las que tengan algún tipo de discapacidad, aprendan a nadar «en cualquier momento».