LA TRIBUNA | O |
25 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.ENTRE las múltiples debilidades del ser humano, existen dos prácticamente incurables: la codicia y el deseo de mando. Ambas, además, suelen darse frecuentemente la mano, porque en realidad son las dos caras de la misma moneda. De manera que cuando uno abre las páginas de los periódicos suele encontrarse únicamente con noticias derivadas de esas constantes. Todo es válido con tal de desacreditar al adversario. Inútilmente busca el lector un dato positivo que hable de progreso social o económico, que al menos cree confianza en un futuro más prometedor. Una y otra vez lo único que encuentra en el periódico son comunicados, réplicas y contrarréplicas que llenan espacio y provocan bostezos, irritación o hartazgo. A un año de las elecciones locales, esta es la situación que se respira en Sarria. Y los electores sarrianos, por poco avispados que sean, comprenden que todos y cada uno están arrimando el ascua a su sardina y que, salvo en muy contadas ocasiones, no se tienen en consideración los verdaderos problemas de la villa. Falta como está de industria y de promoción laboral para la juventud, Sarria navega sin rumbo en medio de aguas turbulentas. Esto es lo que de verdad importa. Lo demás, ya lo decíamos al principio, no son más que complicadas maniobras, delicados encajes de bolillos que consisten en saber quién se llevará de la suculenta y gran tarta la mejor porción y el más suculento de los bocados.