TRIBUNA | O |
15 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.CUANDO NOS encontramos ya en plena estación otoñal y los motores de la maquinaria de los partidos políticos han empezado a rugir, se han reanudado las hostilidades merced a la habitual y constante guerra de absurdos comunicados que se cruzan a través de los medios informativos, y se sueltan globos sondas en lo concerniente a apoyos a candidatos para dirigir el partido de la derecha, resulta que en el mismísimo centro de Sarria la temperatura permanente e inmutable desde hace meses se ha establecido en los 66 grados de la escala de Celsius. Quien dude de tal afirmación tan sólo tiene que pasarse por Cuatro Caminos y comprobarlo. Quizás en el pasado verano más de un conductor, refugiado en el habitáculo de su vehículo y al abrigo del sistema de climatizador de tal artilugio mecánico, se haya ciertamente asombrado de las altas temperaturas que se alcanzan por estos pagos. Fácil es comprender que nos encontramos ante un fallo del artefacto del artefacto allí instalado y cuya función, amén de un soporte publicitario, no ha de ser otra que la de indicar la hora y la temperatura. Ahora bien, que meses y meses permanezca averiado sin que nadie se haya preocupado por la adecuada regularización del mismo no se explica más que por la desidia de algún responsable. Bien pudiera ser que, dada la a bombo y platillo anunciada restauración de dicho punto neurálgico -por cierto que no sin la habitual polémica política contradictoria-, pura y simplemente se haya optado por dejar pasar el tiempo y esperar a que el problema se resuelva por sí solo y en su momento. O bien pudiera ser que el artefacto esté dotado de un chip de última generación tecnológica con capacidad para medir la temperatura de la caldera de la política sarriana, caldera en permanente ebullición, como veremos en los próximos meses, si bien se nos antoja que la temperatura habrá de superar en mucho la referida.